Pulga: dos ex-Wallapop montan en Chile la app de segunda mano contra las estafas

La escena se repite todos los días en Santiago. Alguien encuentra una lavadora por 120.000 pesos en un grupo de Facebook, escribe al vendedor, y el vendedor contesta lo de siempre: transfiere y coordinamos la entrega. El comprador mira el número de cuenta, mira la foto del anuncio, calcula cuánto le dolería perder ese dinero y decide si se arriesga. A veces sale bien. A veces el vendedor deja de contestar diez minutos después de recibir la transferencia.
Fede Coll pasó por ese cálculo mental cuando llegó a Chile y tuvo que amueblar un piso. Llevaba nueve años trabajando en Wallapop, en operaciones, pagos y logística. Es decir, en la parte aburrida: la que hace que el dinero llegue, que el paquete salga y que el que ha pagado reciba algo. Vio el mercado chileno de segunda mano funcionando exactamente como funcionaba el español antes de que existieran las aplicaciones con pago retenido, y se le ocurrió lo obvio.
Qué es Pulga y para quién
Pulga es una aplicación de compraventa entre particulares. Alguien fotografía el sillón que ya no le cabe, le pone precio, y otro alguien lo compra desde el móvil. Hasta ahí, nada que no se conozca. La diferencia está en lo que ocurre con el dinero mientras tanto: el comprador paga dentro de la aplicación, el pago queda retenido, y el vendedor lo cobra cuando la entrega se ha completado. Si el sillón no aparece, o aparece con una pata rota que no salía en las fotos, hay a quién reclamar.
Le sirve sobre todo a la persona que quiere vender cosas de casa sin montar un negocio: ropa de niño, muebles, bicicletas, consolas. Y al comprador que hasta ahora solo tenía dos opciones, pagar por adelantado a un desconocido o quedar en una esquina con dinero en efectivo. No le sirve tanto al vendedor profesional con inventario y facturas, que seguirá encontrando mejores herramientas en los sitios pensados para él.
Quién está detrás
Coll fundó la empresa junto a Alicia del Sol, que en Wallapop trabajó en Trust & Safety, el equipo que se dedica a detectar cuentas falsas, anuncios fraudulentos y patrones de estafa. Los dos se mudaron a Chile y lanzaron la aplicación en marzo de 2026.
Que la cofundadora venga de ahí y no de producto o de crecimiento dice bastante sobre dónde creen que está el trabajo difícil. Un catálogo de segunda mano se llena solo en cuanto hay gente. Lo que no se llena solo es la confianza: hace falta verificar identidades, detectar al que abre cinco cuentas, decidir qué hacer cuando dos personas cuentan versiones distintas de la misma entrega y sostener todo eso sin que el proceso se vuelva tan pesado que nadie quiera publicar nada. Esa parte no se copia leyendo la aplicación de la competencia. Se aprende habiéndola sufrido durante años.
El primer mes cerró con 100.000 descargas. Levantaron una ronda pre-seed con inversores chilenos y españoles, con el cofundador de Wallapop entre ellos, y consiguieron además el Semilla Inicia de CORFO, el programa público chileno para proyectos en fase muy temprana.
Qué había antes en Chile
No es que los chilenos no compraran de segunda mano. Compraban mucho, solo que repartidos entre herramientas que no estaban hechas para eso.
- Yapo.cl lleva años siendo el tablón de anuncios clasificados del país. Funciona como funcionaban los clasificados del periódico: publicas, alguien te llama, os arregláis por vuestra cuenta.
- Facebook Marketplace se comió buena parte del tráfico porque ya estaba instalado en el móvil de todo el mundo. Ofrece exactamente cero garantías sobre el pago.
- Mercado Libre sí tiene pagos, envíos y protección al comprador, pero su centro de gravedad se ha ido desplazando hacia el producto nuevo y el vendedor profesional. Publicar ahí una trona usada es posible y también un poco incómodo.
El hueco estaba en el medio. Una aplicación pensada para particulares, con la fricción baja de publicar una foto en treinta segundos y con el dinero protegido como en una tienda.
De dónde saldría el dinero
Pulga no ha publicado cómo cobra ni cuánto ingresa, algo razonable en una empresa de cinco meses de vida. El modelo del que vienen sus fundadores gana dinero por dos vías: una comisión sobre las transacciones con envío y protección incluidos, y pagos voluntarios para que un anuncio se vea más. Los dos dependen de lo mismo, que haya volumen. Con 100.000 descargas en el primer mes se puede empezar a probar; con eso no se sostiene una empresa todavía.
Lo que esto le dice a quien quiere montar algo
Hay una idea muy extendida de que emprender consiste en inventar algo que no existe. Pulga hace lo contrario: coge un modelo ya validado en un mercado grande, con años de errores ajenos incorporados, y lo lleva a un sitio donde nadie lo estaba haciendo bien. La ventaja de los fundadores no es una idea original. Es saber, por haberlo vivido, en qué orden se rompen las cosas.
Tiene su parte incómoda. Un modelo probado es fácil de reconocer, también para los que ya están en Chile con más dinero y más usuarios. La ventana que tienen es el tiempo que tarde alguien grande en tomárselo en serio, y lo que hayan construido para entonces en la parte que menos se ve: los datos de comportamiento de sus usuarios, los patrones de fraude que ya han aprendido a detectar y la sensación del vendedor de que ahí el dinero llega.