SMART Fusion Energy: la Universidad de Sevilla monta una empresa de fusión y arranca con 1,5 millones

La máquina ocupa más o menos lo que ocuparía un coche pequeño. Es una cámara metálica con forma de rosquilla, envuelta en bobinas de cobre y atravesada por cables gruesos que acaban en armarios de electrónica. Está en una nave de la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Sevilla y se llama SMART. A principios de 2025, después de años de montaje, dentro de esa cámara se encendió por primera vez un plasma: gas calentado hasta que los electrones se sueltan de los átomos y todo aquello se convierte en una sopa cargada eléctricamente que se puede retorcer con imanes.
No es la fusión. Es el paso previo. Pero fue el primer plasma confinado en un aparato de este tipo construido en una universidad española, y a partir de ahí la historia se sale del laboratorio: en 2026 lo que ha salido de allí no es un artículo científico, sino una sociedad mercantil con 1,5 millones de euros en el banco. Se llama SMART Fusion Energy, la han fundado Eleonora Viezzer y Manuel García Muñoz —los dos investigadores que dirigen el Laboratorio de Ciencia del Plasma y Tecnología de Fusión— y el dinero lo pone BeAble Capital.
Qué es un spin-off universitario, sin rodeos
Un spin-off es una empresa que nace dentro de una universidad o un centro público de investigación para explotar comercialmente algo que se ha desarrollado allí. La diferencia con montar una empresa cualquiera está en la propiedad: el conocimiento no era de los fundadores, era de la institución que les pagaba el sueldo y los equipos.
Eso se resuelve casi siempre igual. La patente se queda en la universidad, y la universidad se la licencia a la empresa nueva: le da permiso para usarla a cambio de algo. Ese algo puede ser un pago por uso —un porcentaje de lo que se facture, lo que llaman royalties—, un trozo del capital de la empresa, o las dos cosas. En Sevilla han ido por la vía del capital: la Fundación de Investigación de la Universidad de Sevilla figura como socia en el accionariado. El porcentaje exacto no se ha hecho público.
Para quien mira esto desde fuera, ahí está la pregunta interesante. Si la universidad se queda un trozo pequeño, la empresa tiene margen para levantar dinero varias veces sin que los fundadores se queden sin nada. Si se queda un trozo grande, cada ronda futura los diluye más y el proyecto se vuelve menos atractivo para el siguiente inversor. Las oficinas de transferencia españolas llevan años ajustando esa cifra a la baja precisamente por eso.
Veinte años y más de 50 millones públicos: por qué ahora hace falta capital privado
Es la parte que descoloca a quien no viene de este mundo. Según las cifras que maneja la propia universidad, el laboratorio lleva dos décadas de trabajo y ha captado más de 50 millones de euros en financiación pública, entre proyectos europeos, planes nacionales y programas autonómicos. Con ese respaldo, ¿para qué se necesita a un fondo?
Porque el dinero público de investigación se justifica de una manera y el privado de otra. Una subvención europea financia un objetivo científico —medir un fenómeno, publicar unos resultados, formar doctorandos— y se rinde cuentas con memorias y publicaciones. No sirve para contratar a ocho ingenieros a precio de mercado, ni para fabricar veinte unidades de un componente que aún no tiene comprador, ni para ir a una feria a intentar vendérselo a un laboratorio de Japón. Además llega a plazos fijos, en convocatorias, y se acaba cuando se acaba el proyecto.
El capital privado compra otra cosa: tiempo sin justificar y libertad para equivocarse rápido. A cambio, quiere un trozo de la empresa y quiere que aquello acabe vendiendo.
Quién pone el dinero
BeAble Capital es un fondo español especializado en lo que ellos llaman science to business: empresas industriales nacidas de laboratorios universitarios y centros de investigación, casi siempre con una patente detrás y con hardware de por medio. No es un fondo de aplicaciones móviles ni de software; entra en cosas que se fabrican. Su web es beablecapital.com.
El 1,5 millón es una ronda semilla: la primera inyección seria de dinero, la que se levanta cuando hay tecnología pero todavía no hay clientes. Para una empresa de software es una cifra alta; para una de fusión, es apenas el arranque. Commonwealth Fusion, la empresa estadounidense salida del MIT, va por miles de millones.
Qué se puede vender cuando la fusión no existe todavía
Conviene decirlo claro: aquí no hay un producto que facturar el año que viene. Nadie en el mundo vende electricidad de fusión, y los calendarios más optimistas hablan de la década de 2030 para las primeras plantas de demostración. Cualquiera que prometa otra cosa está vendiendo humo.
Lo que sí tiene mercado ya es lo de alrededor. Un tokamak necesita instrumentos para medir lo que pasa dentro del plasma, sistemas que corrijan la forma del gas mil veces por segundo, bobinas, materiales que aguanten. Todo eso lo compran los propios proyectos de fusión, los grandes laboratorios y programas como ITER, que llevan décadas comprándoselo a empresas de instrumentación científica. Lo que aporta un equipo como el de Sevilla es que ha construido y operado su propia máquina con una configuración poco explorada —la triangularidad negativa, que consiste en darle la vuelta a la sección del plasma, de forma que la «D» que trazan las líneas magnéticas mire al revés—, y ese conocimiento se puede empaquetar y vender antes de que exista ninguna central.
A quién le interesa mirar esto
A investigadores con una patente y ganas de saltar: el caso enseña bien el mecanismo completo, desde la licencia hasta el primer fondo. A quien quiera entender por qué España tiene mucha ciencia y pocas empresas que salgan de ella, aquí está el cuello de botella dibujado.
A quien busque montar algo que dé de comer en dos años, no. Un spin-off de estas características significa una década larga de trabajo, rondas sucesivas, dilución continua y una probabilidad razonable de que el negocio final no se parezca a lo que se planeó. Los fundadores, además, siguen siendo profesores universitarios. La empresa está recién constituida y lo que hay que vigilar durante 2026 y 2027 es concreto: si contratan, si firman su primer contrato con un laboratorio de fuera y si SMART sigue funcionando. La web de la universidad, us.es, va publicando los avances del laboratorio.