Publicit: comprar anuncios en la tele conectada y en las pantallas de la calle sin pasar por una agencia

La escena se repite en cualquier polígono, en cualquier calle comercial. Un dueño de una tienda de colchones ve la pantalla digital del centro comercial de al lado y piensa que ahí cabría su anuncio. Llama. Le pasan un teléfono. Le contestan con un correo, le piden un plan de medios, le hablan de una inversión mínima y le mandan un contrato en PDF para firmar. Dos semanas después sigue sin anunciarse. Entra en el administrador de anuncios de Meta, mete cincuenta euros al día y se olvida del asunto.
Ese callejón sin salida es lo que Publicit ha convertido en producto. La empresa es de Barcelona, cerró en mayo de 2026 una ronda pre-seed de 700.000 euros y la lideran dos inversores que no suelen ir juntos: BStartup, el brazo de inversión de Banco Sabadell, y Successful Fund. En la ronda también entraron Aticco Labs y una lista de inversores particulares del ecosistema español con nombres reconocibles: Juanjo Mostazo (Homa Games), Teresa López (LOVE TV), Francesc Riverola (FXStreet), David Tomás (Cyberclick) o Josep Tribó (Illumin).
Qué vende exactamente
Publicit se define como una plataforma de autoservicio para comprar espacios publicitarios que hoy quedan fuera del alcance de una empresa pequeña. La televisión conectada, las pantallas de exterior, el audio digital, la prensa local. Todo desde un único panel, sin llamada comercial y sin agencia de medios en medio.
La parte interesante no es el catálogo, es el trámite. Anunciarse en Google o en Meta lleva quince años siendo autoservicio: cualquiera se da de alta, mete una tarjeta y arranca. Anunciarse en una pantalla de una gasolinera, en un pódcast o en el diario comarcal sigue funcionando como en 1998: negociación manual, orden de inserción, contrato, mínimo de inversión. Es un proceso pensado para presupuestos grandes, y por eso lo usan quienes tienen presupuestos grandes.
La compañía dice haber montado su propio sistema de pujas en Europa, con un tiempo de respuesta por debajo de los cinco milisegundos, y un planificador automático que reparte la campaña entre canales y la activa sin que el anunciante tenga que decidir cuánto va a cada sitio. Es el dato técnico que ellos ponen encima de la mesa; no hay todavía cifras públicas de anunciantes ni de inversión gestionada.
Quién está detrás
Son tres y sus currículos explican bastante bien el reparto de trabajo. Gabriel García Asensio es ingeniero, viene del CERN y estaba especializado en ejecutar redes neuronales con latencias muy bajas, que es literalmente el problema de una subasta publicitaria: decidir en milésimas de segundo cuánto vale enseñarle un anuncio a alguien. Andrés Buendía llega de Seedtag y de Nacional.cat, con perfil mixto de producto y negocio dentro del sector. Jordi Orteu viene de Deel, donde trabajó vendiendo a empresas pequeñas y medianas por toda Europa.
Es decir: uno sabe construir la máquina, otro conoce el mercado por dentro y el tercero sabe cómo se vende algo barato a mucha gente. Para un producto de autoservicio que tiene que colocar miles de cuentas pequeñas, esa tercera pata pesa tanto como la primera.
Qué había antes que se le pareciera
Plataformas para comprar publicidad de forma automática existen desde hace más de una década. The Trade Desk, Display & Video 360 de Google, Xandr. Funcionan, mueven miles de millones y cubren buena parte del inventario que Publicit promete. El problema para el de los colchones es que están hechas para que las maneje alguien a jornada completa: piden formación, contratos de acceso y, sobre todo, volúmenes de inversión que una tienda no alcanza. En la práctica se contratan a través de una agencia, y la agencia cobra por gestionarlas.
Ahí está la separación que intenta Publicit. No competir en tecnología con los grandes compradores automáticos, sino bajar el escalón de entrada: quitar el contrato, quitar el mínimo, quitar a la persona que planifica. Lo que Google hizo con los anuncios de búsqueda hace veinte años, aplicado a los canales que se quedaron fuera de esa ola.
El modelo de ingresos no está publicado. En este tipo de plataformas lo habitual es cobrar un porcentaje sobre la inversión que pasa por el sistema, y ese porcentaje solo da dinero si pasan muchos anunciantes o mucho dinero por cabeza. Con clientes pequeños, la cuenta solo sale con volumen.
Cuánto dura ese dinero
700.000 euros suenan a mucho hasta que se reparten. Un equipo de tres personas en Barcelona, con sueldos de perfil técnico senior, más servidores, más la infraestructura de conexión con los medios, más los gastos de una sociedad. La cuenta que se hace en el sector para una ronda así es de dieciocho a veinticuatro meses de vida si no contratan a nadie más, y bastante menos si empiezan a fichar. Nada de eso lo ha detallado la empresa; es la aritmética de fondo con la que trabaja cualquiera que levanta una pre-seed.
Con ese reloj en marcha, lo que tienen que enseñar en la siguiente ronda es razonablemente concreto: que hay inventario real conectado y no solo acuerdos anunciados, que un anunciante pequeño consigue lanzar una campaña él solo sin abandonar a mitad, y que vuelve al mes siguiente. La repetición es el dato que separa una herramienta que se prueba una vez de un negocio.
A quién le sirve y a quién no
Le encaja a quien ya se anuncia en Google o en Meta, ha tocado techo ahí y quiere aparecer en otro sitio sin contratar a nadie: comercios con varias tiendas, marcas locales, negocios de servicios con radio de acción concreta, empresas medianas sin departamento de medios.
No le encaja a quien invierte lo suficiente como para tener agencia y sacarle partido, porque una agencia negocia condiciones que un panel de autoservicio no negocia. Tampoco a quien nunca ha hecho publicidad de pago: la fricción no está en el contrato, está en no saber qué contar ni a quién.
Hoy la empresa está en su primer año largo de vida, con el dinero recién entrado y la web abierta a quien quiera darse de alta. Los próximos meses dirán si el escalón que han quitado era el que de verdad frenaba a los pequeños.