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Buscando la Libertad
Dejar de depender de una nómina: montar algo, comprar algo o vivir de lo invertido

Migaya Arte Sano: galletas y bombones de Gijón financiados con 115.000 euros públicos

· Nadia Bermejo

En la calle María Josefa, barrio de El Llano, Gijón, hay una tienda que abre de diez a dos y de cuatro a ocho. Se llama La Alhacena de Migaya. Dentro se venden galletas con nombres que fuera de Asturias no dicen nada: chaponas, chapinas, rocas. También turrón, en cuatro variedades.

Detrás de esa tienda hay dos obradores. Y desde este verano, 115.000 euros de dinero público.

La cifra apareció en agosto en las listas de rondas de inversión españolas, escoltada por dos empresas de software, una de ellas con 1,2 millones recién cerrados. Migaya Arte Sano no levantó nada parecido. Ni lo intentó. El dinero se lo puso la Sociedad Regional de Promoción del Principado de Asturias, la SRP.

Qué vende y quién le paga

Migaya Arte Sano fabrica galletas, bombones y repostería de larga duración para el mercado gourmet. Los socios fundadores son Laura García y Rubén García. La sede y los obradores están en Gijón.

El detalle que sostiene el negocio es la larga duración. Un bollo de obrador se muere en dos días y solo se puede vender a quince minutos de donde se hizo. Una lata de galletas aguanta meses en un estante. Esa diferencia es la que separa una pastelería de barrio de una empresa que puede firmar distribución nacional.

Por eso el dinero de Migaya entra por tres sitios distintos:

La SRP calcula que la empresa superará ampliamente el millón de euros de facturación en 2026. Con márgenes de alimentación, no de software.

De dónde salen los 115.000 euros

La SRP existe desde 1984 y es el brazo financiero del Gobierno del Principado. Conviene entender una cosa antes de seguir: la SRP no da subvenciones. No hay dinero a fondo perdido. Trabaja con dos herramientas y solo dos.

Entrar en el capital

La SRP compra una parte de la empresa, casi siempre por ampliación de capital. Siempre como socio minoritario y siempre de forma temporal: entra sabiendo que va a salir. Los promotores conservan la mayoría y el mando. Suele moverse en horquillas del 10 al 20 por ciento.

El préstamo participativo

Es su instrumento más usado. Se devuelve, como cualquier préstamo, pero el interés tiene dos tramos: uno fijo, referenciado al euríbor a un año más un diferencial, y otro variable que depende de cómo le haya ido a la empresa. Si el año es malo, se paga menos. Si es bueno, se paga más, con un tope pactado.

Las condiciones públicas de la SRP van de 50.000 a un millón de euros en el caso general, y de 50.000 a 200.000 en su línea para micro y pequeñas empresas. Cubren hasta el 70 por ciento de la inversión, con plazos de cinco a siete años y carencias de uno o dos años para empezar a devolver el principal. No cobran comisiones. En las operaciones de arranque de hasta 200.000 euros no piden garantías personales.

La nota de la SRP sobre Migaya no aclara cuál de las dos fórmulas se ha empleado. Habla de financiación, a secas. Lo que sí detalla es en qué se gasta: reforzar el circulante, terminar las inversiones para que el obrador principal llegue al cien por cien de su capacidad, ordenar la estructura financiera y negociar acuerdos de distribución nacional.

Por qué a un negocio así le encaja esto y no un fondo

Un fondo de capital riesgo tiene una aritmética concreta. Invierte en diez, acepta que siete se van a quedar en nada, y necesita que una multiplique por veinte para que las cuentas del fondo salgan. Todo lo que financia tiene que poder ser esa una.

Una empresa que hace galletas artesanas y factura un millón no va a multiplicar por veinte en cinco años. Puede crecer bien, ganar dinero, pagar nóminas y llenar un obrador. Eso, para un fondo, es un problema. Para la SRP, es exactamente el perfil.

El instrumento de siempre para este tipo de empresa era el banco: préstamo a plazo fijo, cuota igual todos los meses vaya como vaya el año, y el aval personal de los socios encima de la mesa. Muchas veces con la casa detrás. La diferencia práctica de un préstamo participativo es que la cuota respira con el negocio y que, en operaciones pequeñas, esas firmas personales no aparecen.

A quién no le sirve

Cómo se encuentran estas cosas

Casi nadie mira ahí. Los foros de emprendimiento hablan de rondas, de business angels y de aceleradoras, y muy poco de que cada comunidad autónoma tiene un organismo parecido a la SRP haciendo lo mismo con sus propios criterios: SODENA en Navarra, el ICF en Cataluña, el Institut Valencià de Finances, Xesgalicia en Galicia.

El acceso, además, es menos ceremonioso de lo que parece. En la SRP no hay convocatoria con plazo: se presenta la solicitud durante todo el año, con un plan de negocio a cinco años, te asignan un analista de inversiones y la operación pasa por consejo antes de firmarse. Toda la información está en srp.es.

Migaya Arte Sano está ahora terminando de poner su obrador a pleno rendimiento y negociando con distribuidores fuera de Asturias. La tienda de El Llano sigue abriendo de diez a dos y de cuatro a ocho, y el catálogo se puede ver en migaya.es.