Kleva: agentes de IA que llaman por teléfono para cobrar deudas de bancos en México

La llamada entra a media mañana. Número desconocido. Al otro lado hay alguien que pregunta por el titular de una tarjeta con dos recibos sin pagar, lee un guion, ofrece un plan de pago y apunta la respuesta en una pantalla. Dura noventa segundos. Después viene la siguiente, y la siguiente, y así hasta el final del turno. En México esa llamada se repite miles de veces al día y detrás de ella hay una industria entera: los despachos de cobranza y los contact centers que los bancos, las financieras y las fintechs contratan para recuperar lo que no ha entrado a tiempo.
Es un trabajo duro y con mucha rotación. El operador se quema, se va, entra otro, hay que formarlo. Y el cliente que paga —el banco— mide todo eso con una regla muy sencilla: cuánto le cuesta cada peso recuperado. Ahí es donde ha decidido meterse Kleva.
Qué hace exactamente
Kleva vende agentes de inteligencia artificial que hacen esas llamadas. No un contestador que suelta un mensaje grabado, sino una voz que sostiene una conversación: pregunta, escucha la respuesta, entiende que la persona dice que cobra el día 15 y propone una fecha en consecuencia. La empresa presume de que el agente adapta el acento y el tono a la región, algo que en un país como México no es una florituría: no suena igual una llamada del norte que una del centro, y el que llama con el acento equivocado empieza perdiendo.
Además de la voz, la plataforma coordina los otros canales por los que hoy se persigue una deuda —WhatsApp, correo, mensajes— desde el mismo sitio, para que no se solapen ni se contradigan.
Quien paga es la entidad: bancos, prestamistas, fintechs, aseguradoras. Y la promesa se hace contra los dos números que esa entidad ya tiene en su cuadro de mando. Kleva dice que sus clientes recuperan un 25% más de deuda y bajan hasta un 70% el coste operativo del área. Son cifras de la propia empresa, sin auditar por nadie de fuera, y conviene leerlas como lo que son: un argumento comercial. Lo interesante no es el número, es la elección. Kleva no intenta convencer a nadie de que necesita un producto nuevo; se planta encima de una partida de presupuesto que el banco ya tiene asignada y discute solo el precio de hacerlo mejor.
Quién está detrás
La empresa nació en 2025 con dos socios. Ed Escobar, mexicano, es el consejero delegado y no es su primera empresa: lleva cuatro. Juan Martín Pagella, argentino, es el director de operaciones y viene de Sirena, una compañía de mensajería para empresas que fue comprada por la brasileña Zenvia en 2020. Es un perfil que encaja con el problema: vender software conversacional a empresas grandes en América Latina y haber pasado ya por el ciclo completo de una venta.
Hoy son diecisiete personas. La web de la compañía está en kleva.co.
Qué había antes
Automatizar el cobro telefónico no es idea nueva. Los marcadores automáticos llevan décadas en los centros de llamadas: sistemas que lanzan números en masa y pasan al operador solo las llamadas que alguien descuelga. Después llegaron los menús de voz —«marque uno si desea conocer su saldo»— y las oleadas de SMS. Todo eso ya existía y todo eso funciona, hasta cierto punto.
La diferencia está en el momento en que la conversación se sale del guion. El marcador automático no negocia. El menú de voz no entiende «esta semana no puedo, pero el martes que viene sí». Cuando el deudor dice algo imprevisto, la máquina antigua tenía que pasar la llamada a una persona, y esa persona cuesta dinero, se cansa y se marcha. Kleva se mete justo en ese hueco: sostener la conversación entera, incluida la parte en la que hay que pactar algo.
El contexto acompaña. La cartera vencida en México —el dinero prestado que no se está pagando a tiempo— viene creciendo, y cada punto que sube convierte el departamento de cobranza en un problema más grande y más caro para las entidades. Un proveedor que llega ofreciendo recuperar más gastando menos entra por una puerta que ya estaba abierta.
El dinero
El 30 de abril de 2026 Kleva anunció una ronda semilla de 1,55 millones de dólares liderada por Wollef Ventures, uno de los fondos más activos de México, con la participación de Nascent, Kuiper VC y Lerer Hippeau. Para un producto de este tipo no es una cifra de escaparate: es dinero para producto, para circulante y para abrir mercados, que en su caso significa Argentina, Colombia, Ecuador, Perú, Chile y seguir creciendo en México.
A quién le sirve y a quién no
Esto no es una herramienta para el autónomo al que dos clientes le deben una factura, ni para la tienda que cobra a treinta días. Hace falta volumen —miles de cuentas, no docenas—, una base de datos ordenada y un sistema con el que conectarse. Sin eso, el agente de voz no tiene a quién llamar ni qué decirle.
Tampoco encaja donde el cobro se resuelve en persona o depende de una relación comercial que conviene no tensar. Y hay un frente que ninguna empresa de este sector se puede saltar: cobrar deudas está regulado, y en México la vigilancia sobre las prácticas de cobranza abusiva ha ido a más. Un agente automático que llame a deshora o insista de más no es un fallo técnico, es un problema legal para el banco que lo contrató.
Para quien está pensando en montar algo, el caso deja una lectura práctica. Kleva no se ha inventado una necesidad; ha ido a buscar un gasto que ya estaba en la hoja de cálculo de alguien y se ha puesto a competir por él con la misma métrica que ese alguien ya usaba para medirse.