Blanco: la fintech chilena que adelanta facturas por WhatsApp y dice que quiere ser banco

Una pyme chilena de diez trabajadores emite una factura a noventa días. El dinero existe, está firmado y no está. Los sueldos, en cambio, salen el día 5, y el proveedor cobra el 10. Ese hueco entre emitir y cobrar lleva cuarenta años alimentando a una industria completa en Chile.
Blanco quiere ocupar ese hueco con un mensaje de WhatsApp.
Qué hace exactamente
La empresa se enrola una vez, con sus claves del Servicio de Impuestos Internos. A partir de ahí Blanco ve lo que emite. Cuando aparece una factura nueva, sus sistemas la detectan solos: pasan varios modelos encima —fraude, comportamiento de pago, solvencia del que tiene que pagar— y ponen precio. En segundos la factura queda preaprobada y al dueño de la pyme le llega la simulación al móvil. Acepta o no acepta. Si acepta, el abono cae el mismo día.
No hay ejecutivo de cuenta, ni sucursal, ni carpeta. El SII obliga a facturar de forma electrónica desde hace años, y eso deja un rastro que se puede leer en tiempo real. Blanco lee ese rastro.
Alrededor del factoring han ido colgando lo demás: líneas de capital de trabajo a tres y seis meses, financiación de órdenes de compra, y para el otro lado del mostrador —las empresas grandes— confirming y pronto pago a proveedores.
De dónde sale el dinero
De la diferencia. Blanco compra la factura por menos de lo que vale y cobra el total cuando el cliente de la pyme paga. Ese descuento va del 0,7% al 1,8% según el perfil de riesgo, sin coste de apertura. La empresa sostiene que con eso deja el factoring en algo más de la mitad de lo que cuesta por la vía tradicional.
En junio de 2026 iba a un ritmo anualizado de 8,7 millones de dólares de ingresos y esperaba cerrar el año en torno a los 12. Son 66 personas.
Quién está detrás
Blanco nació en Santiago en marzo de 2024, de la mano de Cristóbal Contreras, Andrés Hortal, Rafael Morillas y Rebeca Laguna. Diego Contreras entró después como consejero delegado, y con él llegó Carlos Veloso, ingeniero informático que venía de fundar Xepelin, la otra fintech chilena de financiación a pymes. La procedencia importa: los que montaron Blanco ya habían visto por dentro cómo se compra una factura a escala.
La ronda semilla de 5,2 millones de dólares se levantó en dos tiempos. El primero, 2,23 millones, en septiembre de 2025 a través de la plataforma de financiación colectiva Broota, con medio centenar de inversores particulares. El segundo lo cerró en mayo de 2026 Krealo, el brazo de capital riesgo del grupo peruano Credicorp: su cuarta operación en Chile y la decimoséptima en la región andina. Credicorp opera en Perú, Colombia, Chile y Bolivia, y ahí está la parte del acuerdo que no se paga en dólares.
Lo que ya existía
El factoring llegó a Chile en 1986 con Financo, hoy Tanner. En 1994 las empresas del sector ya se habían agrupado en una asociación propia, la ACHEF. Después vinieron Eurocapital, Nuevo Capital, las filiales de los bancos, y a partir de 2012 la tanda digital: Cumplo, RedCapital, Chita, Xepelin.
Comprar facturas, por tanto, no es nuevo en absoluto. Lo que Blanco mueve de sitio es el trámite. En el modelo clásico el empresario decide que necesita liquidez, busca un factoring, manda documentos y espera respuesta. Aquí el orden se invierte: la oferta llega antes de que nadie la pida, con el importe puesto, y la decisión se toma en el mismo hilo de WhatsApp donde se habla con el contable. El producto financiero es el de siempre; el que ha cambiado es quién levanta la mano primero.
La palabra «banco»
Contreras ha dicho que la ronda acelera el plan de convertirse en el primer banco digital para pymes de Latinoamérica, empezando por Chile. Conviene mirar qué hay entre una cosa y la otra, porque no es una cuestión de tamaño.
| Qué se quiere hacer | Qué hace falta en Chile |
|---|---|
| Comprar facturas con capital propio y quedárselas | Nada parecido a una licencia bancaria |
| Transar o intermediar facturas de terceros | Entrar en el perímetro de la CMF por la Ley Fintech 21.521 |
| Llamarse banco | Autorización de la CMF con la Ley General de Bancos: capital pagado y reservas de UF 800.000, con la mitad enterada al constituirse |
UF 800.000 son unos 32.700 millones de pesos al valor de agosto de 2026. Solo para abrir la puerta hay que poner encima de la mesa la mitad, más de 16.000 millones. Una ronda semilla de 5,2 millones de dólares y esa cifra no juegan en el mismo campeonato, y nadie en Blanco dice lo contrario.
El precedente lo tienen en casa. Xepelin, la empresa que cofundó Veloso, lleva años esperando en México una licencia de SOFIPO —una figura bastante más ligera que un banco— y el proceso se le ha atascado; en su última ronda levantó 20 millones de dólares con la valoración un 40% por debajo de la anterior. Financiar pymes con capital propio y estar autorizado a guardar el dinero de otros son dos negocios distintos, y el segundo se mide en años de expediente.
En qué punto está
Su propia web cuenta más de 9.700 empresas enroladas y algo más de 240 millones de dólares financiados desde el arranque. El número interesante es otro: las empresas activas rondan las 2.800. Es decir, de cada diez pymes que entregan sus claves del SII, siete todavía no han cogido dinero. Ahí está el trabajo pendiente y, si sale, buena parte del crecimiento.
Le sirve a una pyme chilena que factura de forma electrónica a clientes grandes y solventes, que necesita el dinero esta semana y que ya ha pasado por el aro del factoring tradicional. No le sirve a quien factura a clientes pequeños o de pago dudoso —el riesgo que se mira es el del que paga, no el del que vende—, a quien necesita plazos largos, ni a quien busca una cuenta corriente de verdad, que hoy no está.
Se les ve en blanco.app. Y la letra pequeña de lo que separa una financiera de un banco está, tal cual, en la Ley General de Bancos que publica la CMF.