Quibi: 1.750 millones de dólares y seis meses de vida

Quibi levantó mil setecientos cincuenta millones de dólares antes de estrenar un solo capítulo. Seis meses y quince días después de abrir al público, cerró. Lo raro de este caso no es que fracasara: es que con todo ese dinero encima de la mesa, nadie se paró a comprobar si alguien quería lo que estaban construyendo.
Qué era
Quibi venía de quick bites, bocados rápidos. Era una plataforma de vídeo de pago solo para el móvil, con series de calidad de Hollywood cortadas en capítulos de menos de diez minutos. La idea era ocupar los ratos muertos: la cola del súper, el metro, la sala de espera del dentista. Cinco dólares al mes con anuncios, ocho sin ellos.
Tenía una tecnología propia que se llamaba Turnstyle y que funcionaba de verdad. Girabas el teléfono y el vídeo se adaptaba: en vertical veías una cosa, en horizontal otra, las dos rodadas a propósito. No era un recorte automático, eran dos versiones de la misma escena.
Quién estaba detrás
La idea era de Jeffrey Katzenberg, que fue jefe de los estudios Disney en su época dorada —la de La Sirenita, La Bella y la Bestia y El Rey León— y después fundó DreamWorks. Para dirigir la empresa fichó a Meg Whitman, que había sido consejera delegada de eBay y de Hewlett-Packard.
Con esos dos nombres en una presentación, levantar dinero dejó de ser un problema y pasó a ser un trámite. Entre los inversores estaban Disney, NBCUniversal, WarnerMedia, Alibaba y los grandes bancos. Es decir: los que más saben del negocio pusieron el dinero.
Qué se rompió
Quibi se estrenó el 6 de abril de 2020, con medio mundo confinado en casa. La lectura fácil es que le pilló la pandemia, y es verdad que su caso de uso —los ratos muertos fuera de casa— desapareció de un día para otro. Pero debajo había cosas que no dependían del virus.
Era de pago desde el primer minuto, en un producto que necesitaba explicarse. Solo se veía en el móvil, y la función para verlo en la televisión llegó tarde y a remolque. Y no dejaba hacer capturas ni cortar un trozo para mandárselo a alguien: el mecanismo exacto por el que un vídeo corto se hace viral estaba apagado a propósito. Una plataforma de vídeo corto renunció al boca a boca gratis en el único formato que vive del boca a boca.
Cuándo se pudo evitar
Esta es la parte que interesa si estás montando algo. La decisión que hundió a Quibi no fue estrenar en pandemia: fue gastarse una fortuna en contenido y en marketing antes de comprobar, con poco dinero y en pequeño, que existía alguien dispuesto a pagar cinco dólares al mes por ver capítulos de ocho minutos en el móvil.
Se llegó a hablar de costes de seis cifras por cada minuto de vídeo producido. Con una parte pequeñísima de eso se podía haber medido la demanda. Nadie lo hizo, porque cuando los nombres son lo bastante grandes, comprobar parece de cobardes.
Las cifras
- Dinero levantado antes de lanzar: unos 1.750 millones de dólares.
- Precio: 5 dólares al mes con anuncios, 8 sin ellos.
- Estreno: 6 de abril de 2020. Cierre anunciado: 21 de octubre de 2020.
- Registrados en la prueba gratuita: en torno a 500.000, de los que la mayoría no llegó a pagar cuando terminó el periodo de prueba.
Katzenberg no escurrió el bulto. Dijo que estaba orgulloso de ser el dueño del fracaso.
La lección
El dinero no compra mercado. Quibi tuvo el capital, los fundadores de leyenda, el contenido caro y una tecnología bonita que funcionaba. Le faltó lo único que hace falta: gente que quisiera el producto.
Y hay una segunda, que se nombra menos. Quibi apostó todo a un caso de uso muy concreto y no tenía plan B. Un negocio que depende de que el mundo siga exactamente igual es un negocio frágil, aunque tenga mil setecientos millones en el banco.