Homejoy, la empresa que limpiaba tu casa por 19 dólares y perdía dinero en cada visita

Qué era Homejoy
En el verano de 2012, una mujer con un máster en Economía y un currículum de Silicon Valley se pasó la mañana fregando el baño de un desconocido en San Francisco. Era Adora Cheung, cofundadora y consejera delegada de Homejoy, y no estaba haciendo periodismo de inmersión: fue, literalmente, la primera limpiadora de su propia empresa. Siguió cogiendo al menos un servicio al mes hasta finales de 2013, cuando ya tenía 38 millones de dólares de inversores en la cuenta y su empresa era una de las favoritas del ecosistema.
Homejoy era una web y una app donde pedías que alguien fuera a limpiar tu casa igual que pides un taxi: elegías día y hora, pagabas con la tarjeta guardada y aparecía un limpiador. En Estados Unidos y Canadá la tarifa rondaba los 25-35 dólares la hora; en Reino Unido, las 13 libras. La promesa era doble: para el cliente, quitarse de encima las llamadas a agencias caras y los anuncios sin garantías; para el limpiador, un flujo constante de casas sin tener que buscarse la vida.
La parte que importa para entender el final está en la letra pequeña del modelo: Homejoy no era una empresa de limpieza. Los limpiadores no eran empleados suyos, sino autónomos. La compañía ponía la plataforma, los pagos, el soporte y el marketing, y se quedaba una comisión de cada servicio.
Historia
La historia empieza con una empresa que no era esta. Adora Cheung dejó su trabajo en Slide en 2009 y se puso a darle vueltas a ideas con su hermano Aaron. Una de ellas, Pathjoy, conectaba a la gente con coaches y terapeutas, y con ella entraron en Y Combinator en 2010. Pathjoy no arrancó.
El giro llegó por una escena doméstica: Aaron buscaba a alguien que le limpiara la casa y solo encontraba agencias caras o anuncios de Craigslist sin ninguna garantía de que fuera a aparecer nadie. Ahí estaba el hueco. Pathjoy se convirtió en Homejoy y la web se lanzó en julio de 2012.
Los primeros meses fueron artesanales hasta lo incómodo. Adora limpiaba casas. Y la experiencia se quedó como norma de la casa: los nuevos fichajes tenían que hacer una limpieza de prueba antes de entrar. Nadie iba a diseñar el producto sin haber pasado una tarde con un cubo.
El golpe de suerte —o de oportunidad— fue el momento. En 2012 y 2013, el dinero de riesgo estaba enamorado de la idea de aplicar el manual de Uber a cualquier oficio del mundo físico. En diciembre de 2013, Homejoy anunció de golpe una ronda A y una ronda B que sumaban 38 millones de dólares, cerradas con pocos meses de diferencia: Redpoint Ventures lideró la B, Google Ventures había liderado la A, y en el reparto estaban First Round Capital y Max Levchin, cofundador de PayPal. Con los cerca de 2 millones anteriores, el total rondaba los 40 millones. Y Combinator lo celebró en su propio blog.
Con ese dinero llegó la orden implícita: crecer. Homejoy abrió unas treinta ciudades en seis meses. Llegó a operar en más de 31 ciudades de Estados Unidos, Canadá y Reino Unido; desembarcó en Londres en abril de 2014 y luego en Berlín, Múnich y París. En octubre de 2014 anunció que se salía de la limpieza para meterse en otros servicios del hogar, empezando por San Francisco y San José.
El motor de ese crecimiento tenía nombre: el cupón. Homejoy inundó Groupon y LivingSocial con ofertas de entrada agresivas —19 dólares por una limpieza de dos horas y media, cuando una empresa tradicional cobraba más de 85 por lo mismo—. Alrededor del 75% de las reservas venían de descuentos, no de recomendaciones ni de tráfico orgánico.
El problema apareció justo donde tenía que aparecer: al mes siguiente. La gente que había entrado por 19 dólares no volvía a reservar a 25 o 35. Y los que sí volvían se encontraban con un servicio desigual, porque Homejoy tenía las manos atadas: formar y supervisar a los limpiadores como si fueran empleados era exactamente lo que un juez podía interpretar como que lo eran. Encima, cuando un cliente encontraba a un limpiador que le gustaba, la tentación era obvia: quedarse con su teléfono y pagarle directamente.
A finales de 2014 empezó la retirada. En diciembre cerró Canadá y Francia para concentrar Europa en Alemania. A principios de 2015 se marcharon el director financiero y el director de operaciones. En abril, la alemana Helpling llegó a negociar la compra de Homejoy y se levantó de la mesa después de mirar los libros. En mayo, Bloomberg contó que la empresa estaba en venta: unos 70 empleados a tiempo completo en San Francisco, 40 millones levantados y 25 millones de dólares de facturación bruta en 2014. Su rival Handy, de Nueva York, entró a negociar.
Mientras tanto se acumulaban cuatro demandas de limpiadores que sostenían que no eran autónomos, sino empleados mal clasificados. En junio de 2015, la Comisión Laboral de California dictaminó que un conductor de Uber de San Francisco debía considerarse empleado. No sentaba jurisprudencia, pero fue suficiente: el sector entero pasó de ser la apuesta de moda a ser un riesgo legal con patas. La ronda C no llegó.
El 17 de julio de 2015 Homejoy anunció el cierre. Dejó de aceptar reservas ese mismo día, devolvió los saldos pendientes y echó la persiana el 31 de julio. Google contrató a unas veinte personas de producto e ingeniería para su propio proyecto de servicios del hogar.
Hubo un epílogo desagradable. En octubre de 2015, un antiguo cliente descubrió que, sin haberse registrado nunca, sus datos —nombre, dirección y tarjeta— aparecían en una web nueva llamada Fly Maids. Detrás estaba Aaron Cheung, que había reutilizado la base de datos de clientes de Homejoy sin decir a quién estaba escribiendo. Cerró Fly Maids poco después del revuelo.
Por qué murió
- El cupón traía usuarios, no clientes. Tres de cada cuatro reservas nacían de un descuento. Entre el 15% y el 20% de los clientes volvía a reservar dentro del primer mes; en los mejores experimentos de algunos mercados llegaron al 30-40%, pero no era la norma. Handy, su rival directo, superaba el 35% y pasaba del 45% en las ciudades grandes.
- Cada limpieza salía a pérdidas. Antes siquiera de contar lo que costaba captar al cliente, la empresa perdía alrededor de 12 dólares en cada servicio, según los datos que trascendieron durante el proceso de venta. Ninguna cantidad de volumen arregla una resta que ya sale negativa.
- La calidad no se podía controlar sin romper el modelo. Al ser autónomos, formar, uniformar o supervisar a los limpiadores era jurídicamente peligroso. El resultado fue un servicio irregular: limpiezas mediocres y cancelaciones de última hora que mataban la primera impresión, que era justo la única oportunidad que tenían con un cliente de cupón.
- La plataforma tenía agujeros. Cuando la relación funcionaba, cliente y limpiador tenían todos los incentivos para saltarse la comisión y seguir por su cuenta. La empresa pagaba la captación y se quedaba fuera de la recurrencia.
- Escalaron antes de que la cosa funcionara. Treinta ciudades en seis meses, cuatro países, y una extensión a reparaciones del hogar cuando el negocio original todavía no retenía. Cada ciudad nueva replicaba el mismo agujero.
- Las demandas cerraron el grifo. Cuatro pleitos por clasificación laboral, más el dictamen de California sobre Uber en junio de 2015, convirtieron el sector en un territorio que los inversores preferían mirar de lejos. Cheung señaló esas demandas como el factor decisivo del cierre.
- No apareció comprador. Helpling se retiró tras auditar las cuentas y la operación con Handy no cuajó. Sin ronda y sin venta, solo quedaba la fecha de cierre.

Los números
Públicos o publicados por medios solventes:
- Capital levantado: unos 40 millones de dólares en total. 38 millones anunciados en diciembre de 2013 (rondas A y B combinadas) más unos 2 millones previos de semilla y capital riesgo.
- Inversores: Google Ventures, Redpoint Ventures, First Round Capital y Max Levchin, entre otros. Y Combinator (promoción S10).
- Facturación bruta 2014: unos 25 millones de dólares.
- Resultado por servicio: pérdida aproximada de 12 dólares por limpieza antes de contar el coste de captación.
- Retención: 15-20% de clientes que repetían dentro del primer mes; 30-40% en los mejores experimentos de mercados concretos. Handy declaraba más del 35%, y más del 45% en mercados grandes.
- Origen de la demanda: en torno al 75% de las reservas procedían de descuentos y webs de cupones.
- Precios: 25-35 dólares por hora en EE. UU. y Canadá; 13 libras por hora en Reino Unido; ofertas de entrada de 19 dólares por 2,5 horas.
- Tamaño: más de 31 ciudades en tres países; unos 70 empleados a tiempo completo en San Francisco en mayo de 2015, y miles de limpiadores autónomos.
- Fechas: lanzamiento en julio de 2012, anuncio de cierre el 17 de julio de 2015, cese de operaciones el 31 de julio de 2015.
No se hicieron públicos: el coste de adquisición de cliente (CAC) ni el valor de vida del cliente (LTV) con cifras oficiales; el EBITDA y las pérdidas anuales; el gasto exacto en marketing y cupones; el desglose de facturación por ciudad o por país; los términos de las negociaciones con Helpling y Handy; la valoración de la empresa en las rondas A y B; y el reparto exacto de la comisión —los análisis del sector hablan de en torno a un 25% del importe, y alguna crónica posterior lo eleva a cerca de la mitad, sin que la empresa lo confirmara nunca—.
La lección
Homejoy medía crecimiento cuando lo que estaba comprando era tráfico. Un cupón de 19 dólares por dos horas y media de limpieza convoca a cualquiera; lo que no dice es si esa persona tiene el problema que tú resuelves ni si pagará el precio real. La gráfica subía, las ciudades se abrían y el dinero entraba, y mientras tanto el número que decidía la partida —cuánta gente vuelve el mes siguiente— llevaba tiempo plano.
Detrás había una contradicción que ninguna cantidad de capital arreglaba. El producto que vendía Homejoy era una limpieza bien hecha por alguien de confianza, y ese producto lo entregaba una plantilla que, por diseño legal, no podía formar ni dirigir. La estructura que le permitía crecer barato era la misma que le impedía ser buena. Handy, con la misma idea y las mismas leyes, retenía casi el doble; el fallo no estaba en el mercado.
Y hay una última pieza, la que suele quedar fuera de las autopsias: los 40 millones no dieron tiempo, dieron velocidad. Obligaron a abrir treinta ciudades antes de saber si una sola funcionaba, y multiplicaron por treinta un agujero que en San Francisco todavía se podría haber tapado.
Adora Cheung volvió a Y Combinator, donde fue socia hasta febrero de 2021, y hoy dirige otra empresa, Instalab. Los limpiadores que pusieron las cuatro demandas siguieron con sus casos contra una empresa que ya no existía.
Fuentes
(Todas nofollow.)
- What Really Killed Homejoy? It Couldn’t Hold On To Its Customers — Forbes (Ellen Huet)
- Homejoy Is Shutting Down At The End Of The Month — TechCrunch
- Homejoy (YC S10) Raises $38M for House Cleaning On Demand — Y Combinator
- House Cleaning Startup Homejoy Raises $38 Million — Forbes
- Cleaning and repairs startup Homejoy is up for sale — SFGate / Bloomberg
- Germany’s Helpling abandoned talks to acquire Homejoy after examining its books — VentureBeat
- Homejoy Shuts Down After Battling Worker Classification Lawsuits — Recode
- Google hires workers from cleaning startup. Why? — CNN Money
- What the Homejoy Failure Tells Us About the Future of the On-Demand Economy — Entrepreneur
- Homejoy Expands Beyond Cleaning into Other Home Services — The Next Web
- Homejoy Mysteriously Relaunches As Fly Maids, Customer Confusion Ensues — Fast Company
- Homejoy — Wikipedia