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Buscando la Libertad
Dejar de depender de una nómina: montar algo, comprar algo o vivir de lo invertido

SodaCrowd: la plataforma nueva que enseña un historial prestado

· Ismael Cuadrado

Un amigo me hizo una pregunta que me tuvo dándole vueltas un buen rato. Estaba pensando en pignorar todos sus fondos de inversión —una cartera diversificada, montada a lo largo de años— para pedir un préstamo con ellos como garantía y meter ese dinero, entero, en una sola plataforma: SodaCrowd. Todo, a una carta. Le dije que antes de contestarle me dejara mirarlo con calma, y me puse a investigar la empresa a fondo. Lo que encontré es lo bastante interesante como para contarlo.

Entras en sodacrowd.com y lo primero que te reciben son números grandes. Más de 320 millones invertidos. Ciento veinte proyectos. Una TIR media del 18,5%. Y, coronándolo todo, un cero rotundo: cero impagos. Todo con un sello de la CNMV al pie, para que no te quede duda de que esto va en serio. La sensación es la de una casa con muchos años de solera. Da ganas de meter los 500 euros del ticket mínimo y dormir tranquilo.

Entonces tiras del primer hilo, y la casa resulta ser bastante más nueva de lo que aparenta.

La marca es de ayer, el sello es prestado

SodaCrowd, como marca, nació en 2025. Lo que hay debajo es otra plataforma que llevaba años en el mercado: iCrowdhouse (la sociedad Crowdhouse, de Barcelona). En 2025 un grupo inmobiliario mexicano, Soda Capital junto con la promotora Soda Urbana, se quedó con aquella plataforma, la renombró SodaCrowd y heredó tres cosas de golpe: la tecnología, el NIF y —sobre todo— la licencia.

Porque ese sello de la CNMV que da tanta confianza no se lo concedieron a SodaCrowd. Es la autorización número 16 del registro de plataformas de financiación participativa, y se otorgó el 1 de diciembre de 2023 a la vieja Crowdhouse (por cierto, aquí te cuento qué fue de Crowdhouse y si fue éxito o fracaso). SodaCrowd la lleva puesta como quien hereda un traje: le sienta bien y es legítimo, pero no se lo hizo a medida. Conviene saberlo, porque una cosa es una plataforma con dos años de rodaje bajo su nombre y otra una marca que acaba de estrenarse con el carnet de otra en el bolsillo.

De dónde salen esos números tan redondos

La pregunta obvia es: si la marca es de 2025, ¿de dónde salen los 320 millones y el ciento veinte proyectos? De México. Ese historial es el del grupo matriz al otro lado del Atlántico, no el de la actividad en España, que acaba de empezar. Y se nota en un detalle que delata: las cifras no cuadran entre páginas. En un sitio son 150 millones, en otro 320, y en las notas de prensa 470. Cuando una casa mezcla el currículum del abuelo con el del nieto, los números bailan.

El «0% de impagos» merece el mismo asterisco. Suena a garantía, pero es un dato que da la propia empresa sobre su historia mexicana, sin auditoría pública que lo respalde. En España, sencillamente, todavía no ha pasado suficiente tiempo para que nadie haya cobrado el final de una operación entera bajo la marca SodaCrowd.

Quién mueve esto

Al frente en España está Emiliano Rapaport, presentado como director general y, según la propia plataforma, con quince años en gestión de riesgo y un pasado como director financiero de Singular Bank (currículum que la empresa cuenta y que conviene contrastar por tu cuenta). El músculo, sin embargo, está lejos: la operación española es un equipo pequeño, del orden de tres personas, mientras que la matriz mexicana ronda las ciento cincuenta. Es una plataforma española de gobierno mexicano, y eso no es bueno ni malo por sí mismo, pero explica de dónde viene el relato.

Lo que de verdad han hecho aquí

Bajando a la pista, en España lo tangible es esto: un primer proyecto residencial en Boadilla del Monte (Madrid), un desarrollo activo en Pinar del Rey que a estas alturas rozaba el 80% de financiación, y varios más en estudio o en marcha entre Alicante, Toledo, Villajoyosa, Jávea, Valencia y Mallorca. En los foros de inversores aparecen los primeros clientes, contentos con el trato, pero con una coletilla que lo dice todo: ninguno ha visto aún cerrarse un proyecto con su dinero de vuelta. El más adelantado no vence hasta finales de 2027.

Es decir: hay actividad real y regulada, pero el historial propio en España todavía está por escribir.

Los números que te enseñan

Y ya que hablamos de números, mira cómo crecen según dónde mires en la web.

Rentabilidades anunciadas por SodaCrowd: credito 12%, equity 17,5%, TIR media 18,5%, proyecto estrella 33,4% (objetivo, no garantizadas)
Las rentabilidades que anuncia SodaCrowd. Son objetivo, no garantizadas.

El préstamo a promotor te lo ofrecen al 10-14%. La participación en el proyecto, al 15-20%. La «TIR media» sube a 18,5%. Y el proyecto estrella del escaparate llega a un 33,4%. Cuanto más brilla el foco, más grande es la cifra. No es que mientan: es que todas esas rentabilidades son objetivo, la meta a la que aspira el proyecto si todo sale bien. En el ladrillo, «si todo sale bien» es una frase que hace mucho trabajo.

Mi opinión, sin adornos

SodaCrowd no es un chiringuito ni huele a estafa. Está registrada, la supervisa la CNMV y opera con el mismo marco que las plataformas serias del sector, como Urbanitae o Wecity. Eso es real y es un punto a favor.

Pero hay que leer la letra que no está en negrita. Que la CNMV te supervise significa que vigila cómo operan, no que te devuelva el dinero si el promotor se hunde: aquí no hay Fondo de Garantía de Depósitos que valga. Tu dinero se queda inmovilizado hasta el final, sin mercado donde revenderlo, entre uno y tres años. Los plazos del ladrillo se alargan casi siempre. Y el brillo de la trayectoria es, en buena parte, prestado de México y sin auditar.

Para quien ya conoce el crowdfunding inmobiliario y quiere una posición pequeña y muy diversificada, SodaCrowd es una opción legítima que merece seguirse. Para quien entra atraído por el 18,5% y el cero impagos creyendo que compra seguridad, el consejo es más seco: eso no es una cuenta remunerada, es capital riesgo con corbata. Yo esperaría a ver cómo cierra sus primeras operaciones españolas —con inversores cobrando de verdad— antes de tomarme en serio su historial. El sector ya nos enseñó con Housers que la parte fácil es captar el dinero; la difícil es devolverlo cuando el mercado se tuerce.

¿Y la pregunta de mi amigo?

Pignorar una cartera diversificada para meterlo todo aquí es apilar tres riesgos de golpe: te apalancas (inviertes con dinero prestado), concentras todo en una sola apuesta y te quedas sin liquidez durante años. Es justo lo contrario de lo que hace que un patrimonio aguante los golpes. Aunque SodaCrowd fuera perfecta —y ninguna lo es—, la jugada seguiría siendo mala, porque el error no está en la plataforma: está en desmontar una cartera sensata para ir a por todas a una carta. A él le dije que no, y no me hizo falta llegar al final de la investigación para saberlo.


Esto no es una recomendación de inversión ni asesoramiento financiero, solo el análisis de una plataforma concreta con datos públicos a agosto de 2026. Invertir en crowdfunding inmobiliario conlleva riesgo de pérdida del capital. Fuentes: