Wollef, el fondo mexicano que reparte cheques de medio millón: 180 millones y más de 40 empresas

En 2016 había en Ciudad de México una empresa que compraba coches de segunda mano, los revisaba y los volvía a vender por internet. Coches usados. Uno de los negocios más viejos que existen, con chapa abollada y regateo en el aparcamiento. No sonaba a tecnología, no sonaba a nada que un inversor quisiera contar en una cena. Se llamaba Kavak.
Un fondo pequeño de la propia Ciudad de México, llamado entonces Jaguar Ventures, decidió poner dinero ahí. Años después, Kavak pasó a valer varios miles de millones de dólares. Aquel fondo pequeño hoy se llama Wollef, gestiona unos 180 millones de dólares y ha invertido en más de cuarenta empresas de América Latina. Cinco de ellas han superado los mil millones de dólares de valoración: Kavak, Konfío, Loft, Jeeves y Nubank, el banco brasileño sin oficinas.
De Jaguar a Wollef: por qué el cambio de nombre
El fondo nació en 2013 y empezó a invertir en 2014. En octubre de 2021 cambió de nombre: Jaguar Ventures pasó a ser Wollef, que es fellow (compañero, en inglés) escrito al revés. El jaguar caza solo; la idea era dejar claro que ellos se ven como socios del que monta la empresa, no como el felino que observa desde arriba. Marketing, sí, pero el cambio venía acompañado de algo más tangible: la salida a buscar dinero para su tercer fondo.
Detrás hay dos personas con oficio. Eric Pérez-Grovas fue el primer director de Mercado Libre en México, es decir, montó desde cero la operación mexicana del mayor comercio electrónico de la región. Cristóbal Perdomo estuvo en el equipo fundador de Groupalia y de Navent. Ninguno de los dos viene de la banca de inversión; los dos han estado dentro de una empresa cuando faltaba dinero a final de mes.
Qué es un fondo de capital riesgo, en cristiano
Wollef no invierte su dinero. Recauda dinero de terceros —familias con patrimonio, empresas, otras instituciones— y lo agrupa en un bote con fecha de caducidad: eso es un fondo. Con ese bote compra participaciones pequeñas en empresas jóvenes, y unos años después tiene que devolver a sus inversores lo que puso, más una ganancia. Cuando el bote se agota, se levanta otro. Por eso los fondos van numerados.
| Fondo | Año | Tamaño |
|---|---|---|
| Primero | 2014 | 9,3 millones de dólares |
| Segundo | 2019 | 22 millones de dólares |
| Tercero | Anunciado en 2021 | objetivo de 100 millones de dólares |
Fíjese en el salto. El primer bote era del tamaño de un edificio de pisos en Madrid. El tercero, diez veces mayor. Ese crecimiento no se consigue con presentaciones bonitas: se consigue enseñando a los que ponen el dinero que las apuestas anteriores salieron bien.
En qué fase entran y con cuánto
Wollef entra en tres momentos, y conviene traducirlos:
- Pre-semilla: la empresa casi no existe. Hay dos o tres personas, una idea y quizá un producto a medias.
- Semilla: ya hay algo funcionando y unos primeros clientes, pero no hay beneficios ni de lejos.
- Serie A: la primera ronda grande de verdad, cuando la empresa demuestra que su modelo repite y necesita dinero para crecer deprisa.
Dicen que están cómodos siendo los primeros inversores profesionales en entrar en el accionariado, es decir, los primeros después de la familia y los amigos. Sus primeros cheques se han movido en la horquilla de 500.000 a un millón de dólares. Los sectores donde repiten: finanzas con tecnología, comercio electrónico, logística, software vendido por suscripción, mercados que juntan oferta y demanda, comida y vivienda. Empresas repartidas por ocho países, con México y Brasil como centro de gravedad.
La aritmética incómoda: por qué necesitan aciertos enormes
Aquí está la parte que casi nadie explica y que ordena todo lo demás. De cada diez empresas jóvenes en las que entra un fondo, lo normal es que unas cuantas cierren y se pierda todo lo puesto, que otras tantas se queden en un negocio digno que devuelve poco más que el dinero invertido, y que una o dos se multipliquen por cien.
Hagamos un ejemplo con números redondos, inventados para que se vea la mecánica. Un fondo de 20 millones reparte un millón en veinte empresas. Diecisiete no devuelven nada o casi nada. Dos devuelven dos millones cada una: cuatro millones. Y una sola se convierte en Kavak y devuelve sesenta. Total: 64 millones sobre 20 invertidos. El fondo ha sido un éxito rotundo, y aun así el 85 % de sus decisiones fueron dinero perdido.
Por eso un fondo no puede permitirse buscar empresas prudentes que crezcan un 10 % al año. Necesita empresas capaces de valer cien veces más, aunque la probabilidad de conseguirlo sea baja. Cinco compañías por encima de los mil millones en más de cuarenta inversiones no es un dato de vanidad: es exactamente el patrón que hace que las cuentas cuadren.
A quién no le encaja
Si usted está montando una consultoría, una panadería, una tienda de barrio o una agencia de servicios rentable desde el mes tres, este tipo de dinero no es para usted, y no por falta de mérito. Un fondo así necesita que su empresa pueda multiplicarse por cien; una consultoría excelente no puede, y encima no lo necesita. Tampoco encaja quien no quiera vender un trozo de su empresa a cambio, ni quien busque 50.000 euros para arrancar: esa cifra pertenece al terreno de los ahorros, la familia o un inversor particular.
Y hay un matiz geográfico. Wollef invierte en América Latina. Un emprendedor español que lea esto no es su público, salvo que monte su empresa mirando a México o Brasil. Lo que sí sirve de cualquier lugar es el mecanismo, porque un fondo de Madrid o de Barcelona funciona con la misma aritmética.
Hoy siguen en lo mismo, entrando temprano y en cheques pequeños, con más de cien fundadores respaldados a lo largo de diez años. Su cartera reciente incluye nombres que aún no le sonarán a nadie: Kleva, Zumma, MiChamba. Dentro de siete años sabremos cuál de ellas era la Kavak de este ciclo. Quien quiera ver la lista entera la tiene en su web.