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Dejar de depender de una nómina: montar algo, comprar algo o vivir de lo invertido

«Ingresos pasivos»: qué hay debajo de la expresión más repetida de las finanzas personales

· revisado el · Nadia Bermejo
«Ingresos pasivos»: qué hay debajo de la expresión más repetida de las finanzas personales

El mejor sitio para entender qué es un ingreso pasivo es la pantalla de un bróker a las nueve de la mañana del día ex-dividendo. La empresa ha anunciado que reparte, pongamos, treinta céntimos por acción. Quien tiene quinientas acciones va a cobrar ciento cincuenta euros brutos. Y esa misma mañana, antes de que nadie compre ni venda nada, la acción abre con el precio de referencia ajustado a la baja justo por esos treinta céntimos. El dinero no ha aparecido de la nada. Ha cambiado de sitio: estaba dentro de la empresa y ahora está en una cuenta corriente.

Esa escena, que se repite cada temporada de resultados, es la que se pierde debajo de la expresión. «Ingresos pasivos» suena a dinero que entra mientras uno duerme. Casi nunca es eso. Merece la pena desarmarla por partes.

Un dividendo es sacar dinero de un bolsillo propio

Cuando una compañía reparte dividendo, entrega caja que tenía dentro. El valor de la empresa baja exactamente en lo repartido, y los mercados lo reflejan en el precio de apertura del día en que la acción cotiza ya sin derecho al cobro. Lo que después haga la cotización depende de mil cosas más, pero el ajuste inicial es mecánico.

A eso se le suma un detalle que no aparece en los vídeos: al cobro se le practica una retención en origen, y el dividendo tributa después en la base del ahorro del IRPF, que empieza en el 19 % para los primeros 6.000 euros y sube por tramos a partir de ahí. Esos tramos se han tocado varias veces en los últimos años, así que antes de hacer cuentas conviene mirar la tabla vigente en la sede de la Agencia Tributaria y no fiarse de una cifra oída de pasada. La consecuencia práctica sí es estable: el cobro pasa por Hacienda cada año, mientras que la revalorización que se queda dentro de la empresa no tributa hasta que se vende.

El alquiler tiene horario, aunque no lo parezca

El otro pilar de la palabra es el piso alquilado. Aquí el trabajo existe y es visible: buscar inquilino, firmar, atender averías, perseguir un impago, pagar la comunidad en agosto aunque nadie viva dentro. Y los números brutos y netos se parecen poco.

Un ejemplo con cifras redondas, solo para ver la forma del cálculo:

Concepto Al año
Renta cobrada (800 € × 12) 9.600 €
Un mes vacío entre inquilinos −800 €
IBI, comunidad y seguro −1.320 €
Mantenimiento y derramas −500 €
Queda antes de impuestos 6.980 €

Sobre una vivienda comprada por 150.000 euros, la rentabilidad bruta era del 6,4 % y la de verdad ronda el 4,6 %, sin contar los gastos de compra ni la hipoteca. Después entra el IRPF sobre el rendimiento neto, con la reducción por alquiler de vivienda habitual: la Ley 12/2023, de 24 de mayo, por el derecho a la vivienda dejó la general en el 50 % para los contratos firmados a partir de su entrada en vigor, con porcentajes mayores en supuestos concretos (rehabilitación reciente, inquilinos jóvenes en zona declarada tensionada, rebaja de la renta respecto al contrato anterior). Los contratos anteriores conservan el 60 %. Cuál aplica a un caso concreto depende de la fecha y de la zona, y eso hay que comprobarlo contrato en mano.

Lo pasivo empieza con el dinero que no se tiene

Este es el punto que más incomoda. Casi todo lo que se vende como renta pasiva funciona multiplicando un capital por un porcentaje pequeño. Con una rentabilidad neta del 4 %, sacar mil euros al mes exige trescientos mil euros parados trabajando. Con el 3 %, cuatrocientos mil. Quien busca en internet «ingresos pasivos» suele estar buscando precisamente porque no tiene esa cantidad, y ahí es donde la promesa se desvía hacia cosas que no son rentas: reventa, dropshipping, afiliación, formación. Todas pueden ser negocios. Ninguna se cobra durmiendo.

Por qué la frase no desaparece

Porque vende. La expresión describe el deseo con exactitud —dejar de cambiar horas por dinero— y funciona como puerta de entrada a un curso, una suscripción mensual, una comunidad de pago o un enlace de afiliación de un bróker. El que la usa cobra por explicarla, cobre o no cobre el que la escucha. Ese detalle explica por qué el vocabulario se mantiene idéntico durante años mientras los métodos cambian cada temporada.

Cinco preguntas que ordenan bastante

Rentas que existen de verdad

Existen, y conviene decir cuáles y qué piden a cambio. Los dividendos y los cupones de renta fija dan un flujo previsible, exigen capital y aceptan que el precio de lo comprado suba y baje por el camino. El alquiler paga bien en las zonas donde comprar es caro, y a cambio es un pequeño negocio con clientes, averías y papeleo. Los derechos de autor de un libro, una fotografía o una canción se cobran durante años, después de un trabajo entero hecho por adelantado y sin garantía de que alguien lo compre. Un producto digital propio puede facturar mientras uno duerme y también genera soporte, actualizaciones y devoluciones a las tres de la mañana.

El patrón se repite: el trabajo no desaparece, se adelanta o se compra. Lo pasivo, en el sentido literal de la palabra, es la parte del rendimiento que aporta el capital, y solo cuando ya está puesto.

Nada de lo anterior es una recomendación de comprar ni de vender nada, y aquí no se opina sobre qué le conviene a quien lee. Los porcentajes citados corresponden a la normativa española y cambian; para un caso concreto, con sus cifras, su contrato y su situación fiscal, lo sensato es sentarse con un asesor que responda de lo que firma.