La regla del 20, el 20 y los tres años: cómo reparte su patrimonio quien lleva generaciones conservándolo

Hay una conversación que casi nunca se cuenta en público, y es la que tiene alguien que acaba de ganar dinero de golpe con el que sabe conservarlo desde hace tres generaciones. Suelen ser dos mundos que no se hablan: el que lo gana rápido y el que lleva un siglo sin perderlo.
En un vídeo de casi hora y media, uno de los cuatro de spicy4tuna contó esa conversación. Se la dio uno de los dueños de un banco en Andorra, y cabe en tres frases.
La regla, tal y como se la dieron
Un 20 % puede estar en algo que sea tu trabajo. Si tienes una empresa y es tuya, ese 20 % está bien colocado ahí. Lo interesante es el reverso: significa que el otro 80 % no debería estarlo, y es justo lo que le pasa a casi todo el que monta algo.
Un 20 % en ladrillo. Ni el 60 ni cero.
Y siempre tres años de colchón en efectivo, por si pasa cualquier cosa. No tres meses, que es la recomendación habitual para una nómina: tres años.
La frase que ordena todo lo demás
Y luego viene la distinción que hace que la regla se entienda, que es esta: conservar patrimonio no es hacerse rico.
Rico te haces trabajando, o vendiendo lo que has montado. Conservar patrimonio es otra cosa mucho más aburrida: que tu dinero no pierda poder adquisitivo. Si tienes un millón parado en el banco, la inflación te lo va comiendo en silencio, y ahí el objetivo no es multiplicar, es no perder.
Son dos juegos con reglas opuestas. El primero premia concentrarse; el segundo, repartir. Mucha gente que ha ganado dinero con el primero sigue jugando con sus reglas cuando ya está en el segundo, y ahí es donde se pierden los patrimonios.
Qué hacen ellos en realidad
Lo que tiene mérito del vídeo es que ninguno cumple esa regla, y lo dicen. Los repartos que describen se parecen bastante entre sí y muy poco a lo que recomienda el banquero:
Uno tiene alrededor del 40 % en startups en las que además trabaja, otro 40 % en inmobiliario y el resto repartido entre bolsa y criptomonedas. Otro dice tener más de la mitad en empresas propias. Otro reconoce el extremo contrario: en torno al 60 % en cuentas remuneradas y cosas sencillas.
Y hay una observación suya que vale más que cualquier porcentaje: en las startups en las que uno trabaja, eso no es una inversión, es una inversión en uno mismo. Si el negocio se tuerce, se tuercen a la vez el patrimonio y el sueldo. Es la definición de tener los huevos en la misma cesta, solo que la cesta te cae bien porque es la tuya.
Por qué el 20 % del trabajo propio es el número difícil
Porque va contra lo que se siente. Quien monta algo cree en ello más que en ninguna otra cosa, y tiene motivos: lo controla, lo entiende y ha visto crecer el número.
El banquero no está diciendo que la empresa sea mala inversión. Está diciendo que si el 80 % de lo que tienes depende de que una sola cosa siga funcionando —y esa cosa depende de ti, de tus socios y de un mercado— entonces no tienes patrimonio, tienes una apuesta con muy buena cara.
Lo que no dice la regla
Tres cosas, por si alguien piensa copiarla tal cual.
Está pensada para quien ya tiene patrimonio. Con veinte mil euros ahorrados, ese 20 % en ladrillo no existe: no da ni para la entrada. La regla empieza a tener sentido con una cantidad a partir de la cual repartir es posible.
Tres años de colchón es una barbaridad de dinero parado, y quien lo dice lo sabe: es el precio de dormir. Quien tenga ingresos estables probablemente no necesite tanto.
Y viene de Andorra, con una fiscalidad y un tipo de cliente muy concretos. La estructura de un patrimonio depende de dónde se tributa, y ese detalle no es menor.
Esto no es asesoramiento financiero, y ni la regla ni los repartos que se cuentan aquí son una recomendación: es lo que dijeron en un vídeo público cuatro personas que viven de montar empresas.