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Buscando la Libertad
Dejar de depender de una nómina: montar algo, comprar algo o vivir de lo invertido

Platanus Ventures: 100.000 dólares y tres meses a cambio de un trozo de tu empresa

· revisado el · Ismael Cuadrado

Imagina una sala en Santiago de Chile, un día cualquiera de junio. Veintitantas personas que llevan tres meses durmiendo poco suben de una en una a contar, en cinco minutos escasos, qué han construido. Delante no hay público general: hay inversores invitados, uno a uno, con nombre y apellido. No se retransmite. No se venden entradas. Cuando termina, algunos de esos equipos tendrán reuniones agendadas para la semana siguiente y otros volverán a casa con una lista de correos que responder.

Eso es un Demo Day, y Platanus Ventures organiza dos al año: uno en junio y otro en noviembre. Es el final visible de una máquina que funciona igual cada seis meses y que se ha convertido en una de las puertas de entrada más transitadas para fundadores hispanohablantes que quieren empezar en serio.

Qué es exactamente Platanus Ventures

Es dos cosas a la vez, y conviene separarlas porque mucha gente las confunde.

Por un lado es un fondo de inversión: pone dinero en empresas muy pequeñas y a cambio se queda un porcentaje de ellas. Por otro es una aceleradora: un programa de tres meses con acompañamiento, sesiones, gente que ya ha pasado por ahí y una fecha límite al final. Casi todo lo interesante del modelo está en cómo encajan esas dos piezas.

La mecánica es deliberadamente aburrida, y ahí está la gracia. Cada tanda (un batch, el grupo de empresas que entra a la vez) recibe el mismo cheque: 100.000 dólares. No hay negociación caso por caso, no hay equipos que consigan el doble porque su fundador negocia mejor. El mismo dinero para todos, a cambio de un porcentaje pactado de antemano.

Por qué el precio fijo importa más de lo que parece

Cuando alguien invierte en tu empresa, lo primero que hay que decidir es cuánto vale la empresa. Y una empresa de cuatro meses de vida, tres clientes y ningún beneficio no vale nada objetivo: vale lo que dos partes acuerden. Un fundador que jamás ha levantado dinero, sentado frente a alguien que hace esto quince veces al año, no está negociando en igualdad de condiciones. Suele salir perdiendo y muchas veces ni se entera hasta dos años después.

El cheque fijo elimina esa conversación. Entras sabiendo el precio, igual que quien entra sabiendo lo que cuesta un máster. Puede gustarte o no, pero no hay letra pequeña ni depende de tu labia.

Diluirse: qué significa realmente

Aquí es donde más gente se pierde, así que vamos despacio con un ejemplo inventado a propósito para que se entienda.

Dos socios montan una empresa y tienen el 50 % cada uno. Entra un inversor que se queda, pongamos, un 6 %. Ese 6 % no sale del aire: sale de ellos. Ahora tienen un 47 % cada uno. Eso es diluirse: tu porcentaje baja porque hay más dueños repartiéndose el mismo pastel.

La pregunta correcta no es «cuánto me diluyo», sino «me quedo con un trozo más pequeño de una empresa mucho más grande, o con un trozo grande de algo que no despega». El 47 % de una empresa que llega a algún sitio vale infinitamente más que el 50 % de una que se apaga en el segundo año por falta de caja. Ese es el intercambio, y no siempre sale bien.

Qué recibes de verdad por ese porcentaje

El dinero es la parte fácil de explicar y la menos diferenciadora: 100.000 dólares dan oxígeno para unos meses a un equipo pequeño que no cobra sueldos de mercado, poco más.

Lo que se compra en realidad es otra cosa:

Por qué aparecen en tantas rondas posteriores

Si sigues los anuncios de inversión en el ecosistema chileno, el nombre se repite. Aparece en el cap table —el listado de quién posee qué porcentaje de una empresa— de compañías que después levantan rondas bastante mayores, como Magnar o Grupalia.

No es magia: es aritmética de tandas. Si metes decenas de empresas al año y algunas siguen adelante y levantan una ronda semilla (la siguiente, cuando ya hay algo funcionando y clientes de verdad) o una serie A (la de después, cuando el negocio ya factura y toca pisar el acelerador), tu nombre va a estar en muchas listas. Un fondo así no acierta con una empresa; acierta con el volumen.

Antes de esto había otra cosa

El modelo no es original y ellos no lo esconden. Es el mismo esquema que Y Combinator lleva usando desde 2005 en California: cheque estandarizado, tanda, programa corto, Demo Day. La diferencia está en la distancia. Un equipo de Santiago, Bogotá o Valencia que quiera entrar en el circuito estadounidense tiene por delante visados, husos horarios, referencias que no tiene y una barrera de idioma que cansa. Platanus hace lo mismo en español y con inversores que entienden qué significa facturar en pesos chilenos.

Antes de que existieran estos programas, la alternativa en la región eran los fondos públicos de fomento, con sus plazos de meses y sus justificaciones de gasto, o el dinero de familia y conocidos. Cosas más lentas y con menos gente alrededor.

A quién no le encaja

A quien tiene un negocio que ya factura y crece despacio y bien: si no vas a levantar más rondas ni a vender la empresa, regalar un porcentaje a cambio de tres meses de programa es un mal trato. A quien busca una consultora que le construya el producto, porque aquí se espera que el equipo sepa hacerlo. Y a quien no soporte trabajar con un reloj encima y con otras veinte empresas mirando lo que hace.

La información del programa, las fechas de cada convocatoria y las empresas de tandas anteriores están en platanus.ventures. Las postulaciones se abren por tandas, así que la mitad del año la puerta está cerrada.