Krealo, el brazo inversor del banco Credicorp: qué cambia cuando el dinero viene de un grupo financiero y no de un fondo

Un dueño de taller en Santiago termina un trabajo un martes por la tarde, emite la factura y sabe que el cliente le pagará a 60 días. Abre WhatsApp, escribe a un contacto y en cuarenta minutos tiene el dinero en la cuenta menos una comisión. No ha entrado en ninguna web, no ha subido un PDF a ningún portal, no ha hablado con un ejecutivo de sucursal. Al otro lado hay unos agentes automáticos que ya han visto su factura, la han pasado por un modelo de riesgo y le han mandado una simulación.
La empresa que hace eso se llama Blanco, es chilena y lleva financiadas más de 250 millones de dólares con más de 9.000 empresas inscritas. En julio cerró una ronda de 5,2 millones de dólares. Lo interesante no es la cifra. Es quién la lideró: Krealo, que no es un fondo de inversión al uso, sino el brazo inversor de un banco.
Qué es exactamente Krealo
Krealo nació a principios de 2018 dentro de Credicorp, el mayor grupo financiero de Perú, dueño del Banco de Crédito del Perú, de Pacífico Seguros y de Mibanco. Su encargo es buscar empresas jóvenes de servicios financieros en la región andina e invertir en ellas. La operación de Blanco fue su inversión número diecisiete y la cuarta en Chile.
A esto se le llama corporate venture: una empresa grande que invierte en empresas pequeñas de su propio sector. Suena parecido a un fondo, pero el dinero viene de sitios distintos y eso lo cambia todo.
Un fondo de venture capital —capital riesgo, en castellano de toda la vida— recauda dinero de terceros: aseguradoras, family offices, fondos de pensiones. Les promete devolvérselo multiplicado en un plazo que suele rondar los diez años. Su único objetivo es que la participación valga más cuando toque venderla. Un corporate venture invierte con el balance de la casa madre y no tiene esa cuenta atrás. Puede quedarse quince años si le conviene. Y busca dos cosas a la vez: que la inversión salga bien y que le sirva al grupo para algo.
| Fondo de capital riesgo | Corporate venture (Krealo) | |
|---|---|---|
| De dónde sale el dinero | De inversores externos que se lo confían al fondo | Del balance del propio grupo financiero |
| Plazo | Suele haber que devolverlo en unos diez años | Sin fecha de caducidad |
| Qué quiere | Vender su parte más cara | Eso, y además aprender, distribuir o acabar comprando |
| Qué aporta además del dinero | Contactos, siguiente ronda, algo de gestión | Clientes, licencias, balance, capacidad de préstamo |
Qué gana cada parte
El grupo financiero compra algo que no puede fabricar dentro: velocidad. Un banco con décadas de sistemas heredados tarda años en montar un canal por WhatsApp con agentes automáticos decidiendo riesgo. Una empresa de quince personas fundada en 2024 ya lo tiene funcionando. Invirtiendo, el banco mira desde dentro cómo se comporta ese modelo con clientes reales antes de decidir si lo copia, lo compra o lo deja pasar. El propio Adolfo Vinatea, que dirige Krealo, ha explicado que no buscan ser quien invierte en más empresas, sino hacer pocas operaciones donde haya cooperación real en los dos sentidos.
La empresa pequeña gana lo que ningún fondo puede darle. Blanco quiere convertirse en un banco digital para micro y pequeñas empresas empezando por el factoring en Chile —el factoring es adelantar el cobro de una factura a cambio de una comisión— y expandirse por la región. Credicorp está en Perú, Colombia, Chile y Bolivia. Tiene licencias, tiene balance y tiene una idea bastante precisa de cuánto cuesta prestar dinero a una pyme sin arruinarse.
La cartera dice mucho más que la nota de prensa
Krealo tiene en Perú a Culqi, la pasarela de pagos, y a Wally. En Chile, a Tenpo, la cuenta digital que salió del propio Krealo, y a Datamart. En Colombia, a Tyba, de inversión; a Plurall; y a Monokera, de seguros. En 2025 sumó cuatro operaciones más, entre ellas Remitee, Akua y Welli.
Mirar la cartera de quien te va a invertir es el ejercicio más barato y más útil que puede hacer un fundador. Ahí se ve si el inversor entiende tu negocio, si ya tiene dentro a alguien que hace lo mismo que tú, y si las empresas que entraron hace cinco años siguen vivas y creciendo.
Lo que conviene preguntar antes de firmar
Aceptar dinero de un grupo financiero no es peor ni mejor que aceptarlo de un fondo. Es distinto, y hay tres cosas que un fundador debería leer con lupa en el contrato.
- La exclusividad. Cláusulas que impiden trabajar con competidores del inversor. Si el grupo es dueño de un banco y una aseguradora, esa frase puede dejar fuera a media banca del país. Conviene acotarla por producto, por país y por tiempo, no aceptarla en general.
- Los derechos de compra. Aparecen con nombres técnicos: derecho de tanteo (si alguien te hace una oferta, el inversor puede igualarla y quedarse él con la empresa) u opción de compra a un precio pactado de antemano. Con un fondo son cláusulas de manual. Con un comprador natural sentado en tu accionariado, marcan el techo al que podrás vender.
- La dependencia comercial. Es la que menos se negocia y la que más duele. Si al cabo de dos años más de la mitad de tus ingresos vienen de clientes o canales del grupo, ya no hay dos partes negociando. Hay un proveedor y un cliente muy grande que además es dueño de una parte de la casa.
Hay un cuarto asunto, menos jurídico: la información. Un inversor con asiento en el consejo ve tus márgenes, tu tasa de morosidad y tu coste de captación. Si dentro del grupo hay un equipo trabajando en un producto parecido, conviene dejar por escrito qué información circula y hacia dónde.
A quién le encaja este dinero: a empresas de servicios financieros que necesitan licencias, balance o llegada a otros países, y que asumen que su salida más probable es venderle al propio grupo. A quién no: a quien quiera vender a un competidor del inversor, a quien viva de trabajar con varios bancos a la vez, o a quien vaya a levantar rondas grandes de fondos internacionales que a veces recelan de un accionista corporativo con derechos especiales.
Blanco, mientras tanto, la montaron en 2024 Cristóbal Contreras —antes en Xepelin—, Diego Contreras y Andrés Hortal. Antes de esta ronda habían levantado 1,7 millones de dólares por Broota, una plataforma chilena donde invierten particulares. Ahora tienen de socio a un banco de Lima.