Encomenda: el fondo de Barcelona que pone 100.000 euros cuando todavía no hay empresa

La escena se repite cada mes en Barcelona, en Madrid y en Valencia. Alguien con una demo a medio hacer y cuatro clientes que aún no pagan se sienta delante de un fondo y pide dos millones de euros. El del fondo escucha, pregunta por el equipo, pregunta por el churn, y al final del café suelta una cifra que suena a portazo: «podemos entrar con doscientos y pico mil». El fundador se levanta pensando que no le han creído.
Casi siempre se equivoca en el diagnóstico. Ese cheque corto responde a cómo está montado el fondo por dentro, no a la nota que le han puesto al proyecto. Y Encomenda, la gestora barcelonesa de Carlos Blanco, es un sitio cómodo para ver ese mecanismo con las tripas al aire, porque su segundo fondo lleva unos meses en boca de todo el mundo por una razón concreta: el Estado se ha metido dentro con 9,5 millones de euros.
Qué hace y para quién
Encomenda invierte en empresas españolas muy jóvenes de software e inteligencia artificial aplicada. Aplicada quiere decir aplicada a algo: salud, educación, industria, agricultura. No tanto el laboratorio que investiga modelos como la empresa de cuatro personas que coge esa tecnología y se la vende a clínicas dentales o a cooperativas agrarias.
Entran en pre-semilla y en semilla. Traducido: pre-semilla es el dinero que llega cuando todavía no hay casi nada, a veces ni producto terminado, y lo que se compra es el equipo y una intuición. Semilla es el escalón siguiente, cuando ya hay algo funcionando y unos primeros clientes que pagan. Después acompañan en las rondas de más arriba, las que en la jerga se llaman serie A y serie B, que son simplemente la primera y la segunda ampliación grande, con cifras que ya van de varios millones.
Detrás están Carlos Blanco, Mercè Tell y Javier Darriba. Blanco es de los emprendedores en serie más veteranos del país y lleva años haciendo de inversor particular antes de institucionalizar el asunto en un fondo; también está detrás de Nuclio, la escuela y la fábrica de empresas de Barcelona. Tell entró en la gestora en 2023, cuando el segundo fondo echó a andar. La web es encomenda.com y ahí publican de forma bastante poco habitual las tripas del vehículo.
Por qué el primer cheque es pequeño
Aquí está lo que más le conviene entender a cualquiera que vaya a levantar dinero. El fondo objetivo ronda los 40 o 50 millones de euros. Parece mucho hasta que se hacen las cuentas: quieren llegar a unas cincuenta empresas. Si repartieras a partes iguales tocarían a un millón por cabeza, y ni siquiera eso, porque una parte se va en comisiones de gestión durante los diez años de vida del fondo.
Así que no reparten a partes iguales. Ponen un primer cheque corto, en el entorno de los cien mil a los trescientos cincuenta mil euros, y guardan una reserva. La reserva es dinero apartado desde el primer día para volver a invertir en las empresas de la cartera que vayan bien. En el argot lo llaman follow-on, que significa exactamente eso: seguir. Una compañía que funcione puede acabar recibiendo del mismo fondo cerca de 1,8 millones sumando todas las veces que vuelven a poner.
El fondo lo cuenta como un embudo: de las cincuenta que entran, en unas treinta y ocho o cuarenta repiten en la segunda ronda, en unas veinte o veinticinco llegan a la tercera, y solo en cuatro o cinco acaban metiendo tickets grandes. El primer cheque, visto así, es un billete para seguir en la mesa. Quien firma esa primera ronda no está diciendo «vales doscientos mil»; está diciendo «te vamos a mirar de cerca durante dos años antes de decidir cuánto vales».
De ahí sale una regla práctica que ahorra reuniones: pídele a cada fondo una cifra proporcional a su tamaño. Un vehículo de 45 millones no va a liderar tu ronda de dos, por mucho que le encante lo que haces.
El Estado como socio de tu inversor
La segunda parte del asunto es de dónde sale el dinero. Un fondo no tiene dinero propio: lo pone gente que se llama partícipe, o inversor del fondo, y que suele ser una mezcla de patrimonios familiares, empresarios y otros fondos. Encomenda ha juntado más de treinta millones por esa vía.
Y encima ha entrado la SETT, la Sociedad Española para la Transformación Tecnológica, con 9,5 millones. Es dinero público, canalizado desde los fondos europeos del plan de recuperación. La SETT no invierte en tu empresa: invierte en el fondo que después invertirá en tu empresa. Para el fundador eso significa dos cosas nada abstractas. Una, que hay más dinero disponible en la caja de la que come su ronda. Otra, que el fondo tiene obligaciones de reporte y de encaje con criterios públicos, y que el sector en el que estés puede pesar en la decisión más de lo que pesaría con dinero exclusivamente privado.
Qué había antes
La vía clásica para una empresa española recién nacida ha sido durante veinte años el préstamo participativo de Enisa: dinero público que no te quita acciones, pero que hay que devolver y que llega despacio. La otra era buscar cinco o seis inversores particulares y cerrar cada uno por su cuenta, con la mitad de las conversaciones muriéndose por el camino. Encomenda se coloca en medio: un solo interlocutor, decisión relativamente rápida, cheque pequeño y la promesa creíble de volver a poner si la cosa marcha. A cambio, se lleva un pedazo de la empresa cuando esta vale muy poco, que es justo cuando más barato le sale.
A quién no le encaja
- Al que necesita dos millones de una tacada para arrancar una fábrica, un laboratorio o cualquier cosa con mucho hierro de por medio.
- Al que opera fuera de España sin sede operativa aquí.
- Al que quiere un cheque y silencio. Un fondo que reserva dinero para seguir invirtiendo va a pedir números cada trimestre desde el primer mes.
- Al que monta un negocio rentable y tranquilo que no piensa venderse ni salir a bolsa. Un fondo de este tipo necesita que unas pocas de sus cincuenta empresas se vendan por mucho; un negocio que dé de comer bien a sus dueños durante quince años es un problema para su matemática, aunque sea un éxito para el fundador.
Dónde está hoy
El segundo fondo tiene ya alrededor de veintitrés empresas en cartera y sigue captando compromisos hacia el cierre definitivo, previsto para 2026, con el objetivo puesto en llegar al medio centenar de participadas. Quien esté preparando su primera ronda haría bien en mirarse el embudo antes de la reunión y ajustar la cifra que va a pedir.