Amplifica Capital: once millones de dólares para invertir solo en empresas fundadas por mujeres

Pon once millones de dólares encima de la mesa y pregunta a diez personas en cuántas empresas se pueden meter. Casi todas dirán una cifra corta: cinco, seis, diez como mucho. En el caso de Amplifica Capital el número es veintinueve.
Ese salto, de diez a veintinueve, es prácticamente toda la historia de cómo funciona un fondo de inversión pequeño por dentro. Y explica bastante mejor que cualquier presentación por qué hay gente dispuesta a poner dinero en empresas que todavía no tienen clientes, ni producto terminado, ni a veces sueldo para sus fundadoras.
Amplifica Capital opera desde Ciudad de México y lo dirige Anna Raptis, que llevaba más de veinte años invirtiendo antes de montarlo. Cerró su primer fondo con once millones de dólares y una condición de entrada que en el sector es rara: solo mira empresas fundadas o lideradas por mujeres en Latinoamérica. Lo llaman female first, que traducido al castellano llano quiere decir que si en el equipo fundador no hay una mujer, la conversación no empieza.
La cuenta que casi nadie hace
Los cheques de Amplifica van de 100.000 a 500.000 dólares, con una media de 250.000. «Cheque» aquí significa lo que el fondo pone en una empresa concreta en una operación concreta. Multiplica: 29 operaciones por 250.000 dólares de media son 7,25 millones. Del fondo de once quedan casi cuatro millones sin repartir.
No están perdidos. Una parte se va en el coste de mantener el fondo vivo, que es lo habitual en el sector: quien gestiona cobra una comisión anual sobre el dinero comprometido, y un fondo vive diez años o más. La otra parte, la importante, se guarda. Es la reserva para volver a poner dinero en las empresas que empiecen a funcionar, cuando levanten su siguiente ronda y haya que acompañarlas para no quedarse diluido. En la jerga lo llaman follow-on, y viene a ser regar solo las plantas que han salido.
Esa aritmética condiciona todo lo demás. Con veintinueve apuestas de 250.000 dólares, un fondo así no puede permitirse el lujo de acertar con la mitad. La estadística de este oficio es brutal: la mayoría de las empresas en las que entra un fondo en fase muy temprana no devuelven el dinero. El fondo entero se sostiene sobre una o dos que salgan muy bien. Por eso el tamaño del cheque importa tanto como el número de cheques, y por eso ningún fondo de once millones puede comportarse como uno de doscientos.
Pre-seed y seed, sin jerga
Amplifica entra en pre-seed y seed. Son las dos primeras fases de financiación de una empresa, y conviene traducirlas.
- Pre-seed: hay una idea, un equipo y como mucho un prototipo. El dinero sirve para llegar a tener algo que se pueda enseñar a un cliente. Quien invierte aquí está apostando por las personas, porque no hay mucho más que mirar.
- Seed: ya hay producto y primeros clientes, aunque sean pocos. El dinero sirve para averiguar si eso que funciona con veinte clientes funciona con doscientos.
En ninguna de las dos hay cifras de negocio para hacer un análisis financiero decente. De ahí que el tamaño de los cheques sea el que es. Nadie pone dos millones en algo que no tiene facturación.
Por qué una tesis estrecha ve cosas que las demás no ven
«Tesis» es la palabra que usan los fondos para decir en qué invierten y en qué no. Casi todas las tesis son anchas: tecnología, Latinoamérica, fase temprana. Con esos filtros, un fondo compite por las mismas operaciones que otros cuarenta, y las buenas se las llevan los que llegan antes o pagan más.
La de Amplifica es estrecha a propósito. Parte de una premisa que el propio fondo defiende sin rodeos: la mayor parte del dinero de capital riesgo de la región acaba en equipos fundados solo por hombres, y eso no ocurre porque las empresas fundadas por mujeres sean peores, sino porque el circuito por el que llegan las operaciones a los fondos está montado de otra manera. Contactos, antiguos compañeros de trabajo, ex fundadores que presentan a otros fundadores.
Si esa premisa es cierta, quien decida mirar solo ahí se encuentra con menos gente pujando por lo mismo. Es una idea vieja aplicada a un sector nuevo: lo mismo que hace el pequeño inversor que compra pisos en una ciudad de provincias en la que no entra ningún fondo grande. Un mercado con menos compradores es un mercado en el que se paga menos por lo mismo. Amplifica no lo plantea como beneficencia sino como una ineficiencia que alguien tenía que aprovechar.
A quién le encaja y a quién no
Le encaja a una empresa muy joven, con base en México o en algún otro país de la región, con al menos una mujer en el equipo fundador, y que necesite un primer dinero de entre cien mil y medio millón de dólares para pasar de la idea a los primeros clientes.
No le encaja a bastante más gente. No a quien busque una ronda grande, porque el cheque máximo es de 500.000 dólares y el fondo no da para más. No a un negocio ya rodado con años de facturación, que juega en otra fase. No a proyectos fuera de Latinoamérica. Y no a equipos fundadores exclusivamente masculinos, por muy bueno que sea el proyecto: ahí el filtro es el filtro.
Tampoco le encaja a quien quiera dinero y nada más. Un fondo de veintinueve participadas y un equipo pequeño se implica bastante en cada una, porque no tiene otro remedio: cada empresa pesa demasiado en el resultado final como para dejarla sola.
Hoy Amplifica sigue operando desde Ciudad de México con ese primer fondo, y la lista de en qué han entrado está en su web. Es un fondo pequeño, con una tesis que buena parte del sector todavía mira de reojo, y con la aritmética de once millones marcándole el paso en cada decisión.