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Buscando la Libertad
Dejar de depender de una nómina: montar algo, comprar algo o vivir de lo invertido

Crescenta baja a 5.000 euros la entrada a su nuevo fondo de capital privado

· Ismael Cuadrado
Mesa de trabajo con un portatil y un cuaderno con numeros

El capital privado —invertir en empresas que no cotizan en bolsa— lleva décadas siendo un club con una puerta muy concreta: la del dinero mínimo para entrar. Cien mil euros, doscientos mil, medio millón. No porque el producto sea complicado, sino porque los fondos que lo gestionan prefieren cien inversores grandes a dos mil pequeños.

Crescenta, una gestora española nacida hace unos tres años, acaba de lanzar su noveno vehículo con la puerta en otro sitio: 5.000 euros. Se llama Crescenta Sicav Eltif, Private Equity Access I, y merece una explicación despacio, porque detrás de esa cifra hay bastante letra pequeña que conviene entender antes que la cifra.

Qué compra este fondo exactamente

No compra empresas. Compra participaciones en otros fondos, entre cinco y siete, gestionados por firmas internacionales con décadas de historia. Esos fondos son los que compran las empresas.

Eso tiene un nombre: fondo de fondos. Y significa que quien entra aquí se convierte en socio de un vehículo que a su vez es socio de otros vehículos. Si te suena a muñeca rusa, es exactamente eso, y tiene su sentido: repartir el dinero entre varios gestores en vez de jugárselo a uno. Sobre qué es ser socio de un fondo y por qué importa quién lo gestiona ya escribimos al hablar de los LP de Encomenda.

El reparto anunciado es este: la mitad a compras de empresas ya consolidadas, un 45 % a compañías en crecimiento y un 5 % a secundarios.

Traducido: la primera mitad son operaciones donde un fondo compra una empresa que ya funciona y gana dinero, la endereza durante unos años y la vende. La segunda parte son empresas que crecen deprisa y necesitan dinero para seguir. Y los secundarios son la trastienda del sector: comprarle su participación a otro inversor que quiere salirse antes de tiempo, normalmente con descuento.

Cinco cajas iguales sobre una mesa, una de ellas abierta
El fondo no compra empresas: compra participaciones en otros cinco a siete fondos, que son los que compran.

Cómo se entra, que no es soltar 5.000 euros

Aquí está el detalle que más cuesta explicar y el que más gente confunde. Los 5.000 euros no se pagan de golpe: son un compromiso. El primer desembolso es el 20 %, o sea mil euros, y el resto se va pidiendo por partes a lo largo de los años, según el fondo lo vaya necesitando.

Eso se llama llamada de capital, y funciona como el aviso del constructor cuando toca pagar el siguiente plazo de una obra: no eliges tú cuándo, ni cuánto exactamente, ni te avisa con mucha antelación. Quien se compromete tiene que tener ese dinero disponible cuando lo llamen.

Además hay un filtro de entrada que no es el dinero: hay que acreditar ingresos brutos de al menos 50.000 euros al año y pasar los cuestionarios que la normativa europea obliga a hacer para comprobar que uno entiende lo que está firmando.

La estructura, un ELTIF, es un formato que la Unión Europea creó precisamente para poder ofrecer mercados privados a inversores particulares. Este está domiciliado en Luxemburgo y es cerrado: no se entra ni se sale cuando uno quiere.

Cuánto cuesta y qué promete

Las comisiones van por tramos según lo que se pone. En el tramo de 5.000 euros: 1,2 % de suscripción y 1,7 % anual de gestión. Quien entra con 100.000 paga 0,5 % y 1,25 %. Hay además una comisión de éxito del 5 % que solo se cobra si el fondo supera el 8 % de rentabilidad anual.

Los objetivos publicados son un 15 % de rentabilidad neta anual y multiplicar el dinero entre 1,8 y 2,2 veces, con una vida prevista de diez años: cinco invirtiendo y cinco deshaciendo posiciones, prorrogables dos más.

Conviene subrayar la palabra objetivo. No es una garantía, ni una previsión con la que se pueda contar: es lo que la gestora se propone. En este tipo de producto el dinero puede volver multiplicado, puede volver igual y puede volver mermado.

Quién está detrás

Crescenta la fundaron Ramiro Iglesias, consejero delegado, y Eduardo Navarro, presidente. Empezó a operar hace unos dos años y medio y se presenta como la primera gestora digital española especializada en fondos de capital privado, es decir, que todo el proceso —darse de alta, firmar, seguir la inversión— se hace desde una web en vez de en el despacho de un banco.

Las cifras que da la compañía: más de 250 millones de euros gestionados y más de 4.300 inversores particulares, con una media por encima de los 30.000 euros cada uno y más de dos fondos suscritos de media. Este es su noveno vehículo. Iglesias resumió el lanzamiento diciendo que es «un fondo accesible desde 5.000 euros».

A quién no le encaja

A quien pueda necesitar ese dinero en los próximos diez años, por cualquier motivo. Esto no se rescata: no hay botón de vender, y si aparece la posibilidad de traspasar la participación a otro, será con descuento y sin garantía de encontrar comprador.

Tampoco a quien no pueda atender las llamadas de capital cuando lleguen. Comprometer 5.000 euros teniendo 1.000 disponibles es meterse en un problema con fecha desconocida.

Y tampoco a quien lea el 15 % como si fuera un depósito con una rentabilidad alta. Ese número es el motivo por el que este producto existía solo para patrimonios grandes: porque a cambio pide un plazo larguísimo, iliquidez total y la posibilidad real de perder.

Para quien sí encaje —dinero que sobra, horizonte de una década, cabeza fría—, lo relevante de este lanzamiento no es la rentabilidad prometida, que está por ver, sino que la puerta baja de 10.000 a 5.000 euros. Es medio escalón, no un cambio de edificio, pero va en una dirección clara.

Esto no es una recomendación de inversión ni asesoramiento financiero. Es una explicación de qué es el producto y a quién puede tener sentido. La decisión, y el riesgo, son de quien la toma.