Modelia: la española que genera las fotos de catálogo sin montar la sesión

Una marca saca una colección de varios cientos de referencias. Cada prenda hay que enseñarla puesta. Eso son modelo, estilista, fotógrafo, estudio, una jornada larga y un retoque después. Y luego llega la parte que casi nunca se cuenta en las facturas: esa misma camisa hay que verla en la ficha de producto, en el email del jueves, en el banner de la portada, en el vertical de Instagram y en la versión que pide el marketplace alemán. Otro fondo, otro recorte, otra ronda de correos sobre si el color se ve igual que en la muestra.
Ese trozo concreto del trabajo es lo que vende Modelia.
Qué sustituye, en euros de verdad
La empresa es una plataforma para generar y gestionar las imágenes de producto de una marca de moda. El flujo básico, tal como está montado en su web, es corto: se sube la prenda —un flatlay, un maniquí o una foto ya hecha—, se eligen atributos del modelo (edad, género, etnia, fondo) y el sistema devuelve cuatro imágenes entre las que escoger. A partir de ahí se puede cambiar la pose, montar un conjunto entero, hacer vídeo o pasarlo por un probador virtual con ropa, zapatos y complementos.
Lo interesante no es la foto suelta. Es la unidad de medida. Modelia dice haber procesado más de 300.000 referencias de producto en seis meses. Ahí se ve a quién le cambia la vida esto: no al que tiene veinte prendas, sino al que tiene un catálogo enorme y una fecha de salida encima. El coste que se ataca no es «una campaña», es la multiplicación de producción de imagen por colección y por canal, que en una marca mediana es una partida fija que vuelve cada temporada.
La compañía presume de recortar en torno a un 90% el gasto frente a la producción tradicional de campaña y de acelerar cinco veces el paso de la idea a la pieza publicada. Son cifras suyas, medidas con su criterio, y conviene leerlas como lo que son: el argumento de venta. El dato que sí es difícil de maquillar es que las ventas crecen un 15% mensual.
Quién está detrás
Modelia nació en 2024. La fundan Iván Rodríguez, que ejerce de consejero delegado, y René Haas, danés, como responsable técnico.
- Rodríguez va por su tercer proyecto y pertenece a la red Endeavor desde 2015, la organización que selecciona fundadores con empresas ya en marcha. Eso, en la práctica, significa agenda: contactos de dirección en compañías grandes desde antes de existir esta empresa.
- Haas es doctor en IA generativa y visión por computador. La parte difícil del producto no es dibujar a una persona guapa, es que la prenda que sale en la imagen sea exactamente la prenda que se vende: el mismo cuello, la misma costura, el mismo estampado. Ahí es donde se cae casi todo lo que se prueba con herramientas genéricas.
La empresa es española y aparece vinculada al programa Madrid Innovation iLAB. Sus ventas, sin embargo, están repartidas de otra manera: un 44% en Estados Unidos y un 27% en Europa, con marcas de 26 países.
Lo que ya había antes
La fotografía de catálogo lleva décadas resolviéndose de dos formas. Una es el estudio: contratar la jornada y pagarla. La otra es el 3D, que la industria usa desde hace años con programas como CLO o Browzwear para prototipar prendas sin cortar tela; funciona bien, pero exige un patrón digital y un equipo que sepa manejarlo, y eso convierte cada imagen en un proyecto.
Después llegaron los generadores de imágenes de uso general, que cualquiera puede probar una tarde. Ahí el problema es otro: cambian la prenda. Sirven para una idea de campaña, no para una ficha de producto donde el cliente devuelve el pedido si la manga no era esa.
Modelia se separa por la parte aburrida. Con la ronda de financiación está construyendo la capa de empresa: control de estilo, aplicación de las normas de marca, modelos reutilizables para que la misma cara aparezca en toda la temporada, flujos de aprobación y una interfaz para conectarlo con el comercio electrónico. Nada de eso sale en una demostración bonita, pero es exactamente lo que pide un departamento de producto de una compañía de mil personas.
Vender a marcas grandes desde el primer año
Entre sus clientes están Desigual, AWWG —el grupo de Pepe Jeans y Hackett— y Fútbol Emotion. Empezar por ahí decide qué empresa se construye. Vender a una marca así implica ciclos de venta de meses, pasar por compras, por legal y por quien custodia la imagen de marca, y aguantar preguntas sobre dónde se guardan los archivos. A cambio, el contrato es grande, se renueva y no depende de que cien autónomos sigan pagando una suscripción mensual.
También decide qué dinero entra. La ronda fueron 1,03 millones de euros (1,2 millones de dólares), liderada por Next Tier, un fondo español centrado en inteligencia artificial, con el estadounidense Rapid Scale y el español Archipelago Next. En la operación entraron además inversores particulares del sector, entre ellos el consejero delegado de Blue Banana. Un fondo americano en una empresa española de un millón de euros se explica solo mirando dónde están las ventas; los inversores del propio sector se explican solos mirando quién abre la puerta del siguiente Desigual.
En qué punto está
Es una compañía de dos años, con una ronda semilla de un millón, clientes de nombre conocido y crecimiento mensual de dos dígitos. El dinero va a terminar la capa de empresa y a empujar comercialmente en Europa y Estados Unidos.
A quién no le sirve: a la marca pequeña de veinte referencias en la que la foto es el producto —el taller que enseña la mano, la luz de su propio estudio, la cara de la persona que la cose—. Ahí la sesión no es un coste que quitarse, es lo que se está vendiendo. A quien tiene trescientas referencias que renovar en septiembre y un presupuesto de imagen que se le come el margen, le encaja distinto.