Krealo: el fondo de Credicorp que invierte en fintechs pequeñas y dice que nunca tendrá que venderlas

En abril de 2026, una fintech chilena llamada Blanco salió a pedir dinero por internet. Lo hizo en Broota, una plataforma donde cualquiera puede poner unos cuantos pesos en una empresa pequeña a cambio de un trozo de ella. Reunió dos millones de dólares entre más de 160 personas.
Tres meses después el cheque siguiente no vino de una multitud. Vino del mayor grupo financiero del Perú.
La ronda de julio fue de 5,2 millones de dólares y la lideró Krealo, el brazo de capital riesgo de Credicorp, el dueño del Banco de Crédito del Perú. Para Blanco supuso pasar de los pequeños ahorradores de Broota a tener sentado en la mesa a un grupo que cotiza en Nueva York. Para Krealo fue la operación número diecisiete desde que existe, y la cuarta en Chile.
Qué es Krealo y qué busca
Krealo nació en 2018 en Lima. Es capital riesgo corporativo: no es un fondo independiente que levanta dinero de terceros y luego lo invierte, sino una filial de una empresa grande que mueve el dinero de su matriz. La diferencia suena a matiz y no lo es, porque cambia el reloj.
Lo que busca son fintechs y compañías de servicios financieros de la región andina. Empresas ya en marcha, con producto funcionando y clientes pagando; para lo anterior a eso tienen otro carril, un programa acelerador montado con el laboratorio de innovación del BCP y Seedstars que reparte 50.000 dólares a diez startups por edición. Su ritmo declarado en las inversiones de verdad es de dos o tres al año. El cheque va de medio millón a veinte millones de dólares, con margen para liderar la ronda, acompañarla o quedarse con el control cuando les cuadra. La cartera está publicada en krealo.pe.
Hoy son diecisiete operaciones cerradas y una cartera que ronda las dieciséis empresas, entre Perú, Chile y Colombia. Ecuador se estrenó hace poco.
Tres nombres de la cartera
Jelou es la ecuatoriana, y la primera que compraron en ese país. Fabrica agentes de inteligencia artificial que se conectan a los sistemas de una empresa y ejecutan operaciones dentro de aplicaciones de mensajería: cobros, aperturas de cuenta, evaluaciones de crédito, todo en un chat. Por su plataforma han pasado más de 100 millones de dólares en operaciones financieras. Adolfo Vinatea, que dirige Krealo, explicó la compra sin adornos: identificaron «una oportunidad estratégica de aprendizaje en torno a las tendencias de WhatsApp Banking».
Blanco, la chilena de la ronda de julio, hace lo mismo pero para el bolsillo de las microempresas: factoring, capital de trabajo, confirming y pronto pago, contratados por conversación en WhatsApp. Lleva financiados más de 250 millones de dólares y tiene más de 9.000 empresas dadas de alta. La fundó Diego Contreras, que antes había cofundado otra fintech, Zeppelin.
Tenpo es el caso que enseña hasta dónde llega esto. En 2019 Krealo compró el negocio digital de la chilena Multicaja por unos 19 millones de dólares. De ahí salió Tenpo, que empezó emitiendo tarjetas de prepago y en enero de 2026 recibió de la CMF chilena la autorización de funcionamiento como banco. Es el primer banco cien por cien digital del país, después de dos años de proceso regulatorio.
Un fondo normal y el fondo de un banco no juegan al mismo juego
Un fondo de capital riesgo clásico levanta dinero de otros —familias, aseguradoras, fondos de pensiones— con un plazo escrito en el contrato, habitualmente diez años. Al final de ese plazo tiene que devolver el dinero, y para devolverlo tiene que vender lo que compró. Da igual que la empresa vaya bien: hay que vender.
Krealo no tiene ese contrato. Vinatea lo ha dicho literalmente: «No tenemos fecha de vencimiento en las empresas. Mientras sigan creando valor financiero y estratégico para Credicorp, nunca tienen que venderse».
| Fondo independiente | Fondo corporativo (Krealo) | |
|---|---|---|
| De quién es el dinero | De terceros que lo confiaron al fondo | Del propio grupo Credicorp |
| Plazo para salir | Sí, escrito en el contrato del fondo | No lo hay |
| Qué quiere | Vender más caro de lo que compró | Eso, y además algo que le sirva al banco |
| Qué aporta además del dinero | Contactos y siguientes rondas | Clientes, canales, datos, ciberseguridad, integraciones |
| Compradores posibles después | Cualquiera | Menos, y con el socio opinando |
Lo de aportar más que el dinero no es una frase de folleto. Tyba, la gestora digital colombiana de la cartera, se vende dentro de la aplicación de Tenpo. Culqi, la pasarela de pagos peruana, se coloca por las agencias del grupo. A Shinkansen, otra chilena, la compraron con el plan declarado de enchufarla al Banco de Crédito del Perú. Ese es el trato: dinero, más una puerta abierta a millones de clientes que una empresa de nueve personas tardaría años en tocar. Y en un sector donde el regulador manda, tener detrás a un grupo que ya sabe pasar por la CMF chilena es un activo que no aparece en ninguna hoja de cálculo.
La otra cara
El día que entra un banco en tu accionariado, la lista de gente que te puede comprar después se acorta. Los competidores directos de Credicorp miran con recelo una empresa participada por el rival, y algunos ni miran. El fundador que sueña con subastar su compañía entre cuatro bancos grandes de la región acaba de perder tres postores.
Y hay una asimetría de tamaño que conviene mirar de frente. Cuando el socio te aporta el grueso de tus clientes y tus integraciones, tu negocio empieza a depender de él tanto como de tu producto. El caso Tenpo enseña la versión extrema del recorrido: empieza siendo una compra, sigue siendo una filial y termina siendo un banco del grupo.
A quién no le encaja
- A quien no haga servicios financieros ni nada pegado a ellos. Fuera de ahí no hay conversación.
- A quien esté en fase de idea. Para eso está la aceleradora, no el fondo.
- A quien tenga prisa por salir en cinco años. El socio no la tiene.
- A quien quiera venderse luego a otro banco grande de la región.
- A quien opere fuera del eje Perú-Chile-Colombia, aunque Ecuador acabe de entrar en el mapa.
En qué punto está
Diecisiete operaciones en ocho años son pocas, y es a propósito: Vinatea ha repetido que no aspiran a ser el inversor que más empresas tiene, sino el que hace pocas donde de verdad haya trabajo conjunto en las dos direcciones. Las dos últimas compras, Jelou y Blanco, van las dos de lo mismo: servicios financieros que se contratan hablando por WhatsApp con un agente automático. En Chile ya tienen un banco con licencia propia para probar lo que aprendan.