Kolab Ventures: en Hermosillo no te dan dinero para tu empresa, la fundan contigo

Hay un perfil de persona que se queda atascado siempre en el mismo punto. Sabe trabajar, tiene aguante, ha ahorrado algo y lleva dos años diciendo en las comidas familiares que quiere montar lo suyo. Lo que no tiene es la idea. Tampoco el socio. Y como todo el mundo le repite que lo primero de todo es tener una buena idea, se queda esperando a que le caiga del cielo mientras el lunes vuelve a la oficina.
En Hermosillo, capital de Sonora, más cerca de la frontera con Arizona que de Ciudad de México, hay una firma dedicada exactamente a esa persona. Se llama Kolab Ventures y su propuesta cuesta de entender la primera vez: no financia tu empresa, se sienta a montarla contigo desde cero. La idea, si hace falta, también la ponen ellos.
Un fondo te compra un trozo; un estudio se arremanga
Merece la pena aclarar el vocabulario, porque es donde se lía todo el mundo.
Un fondo de inversión (lo que en inglés llaman venture capital y aquí capital riesgo) es un bote de dinero de varios inversores que gestiona un equipo pequeño. Buscan empresas jóvenes, meten capital a cambio de un porcentaje y esperan a que unas pocas valgan mucho. Para entrar necesitas tener ya una empresa: producto, equipo, algo funcionando. Ellos ponen el dinero, tú pones el resto.
Un venture studio (estudio, constructor de empresas) va al revés. La casa tiene ideas, tiene abogados, diseñadores, programadores y contables en nómina, y lo que le falta es gente que se ponga al frente. Así que ficha personas, les asigna un proyecto y construye la empresa con ellas. Dinero también hay, pero el dinero es la parte pequeña de lo que aporta.
| Fondo | Venture studio | |
|---|---|---|
| Qué hace falta para entrar | Una empresa en marcha | Una persona disponible |
| De quién es la idea | Tuya | De la casa, o de los dos |
| Qué aporta | Capital y contactos | Capital, equipo y horas |
| Quién manda en el día a día | Tú | Se negocia |
Cien días, 40.000 dólares y un comité al final
El programa por el que se entra se llama Future Founders y dura cien días. Los términos que publican son concretos, cosa poco frecuente: durante el programa el participante recibe 40.000 dólares en efectivo para gastos y capital de trabajo, además del acompañamiento del propio equipo de Kolab y de sus mentores. A cambio, la firma se queda hasta un 10% de la empresa nueva que se crea entre los dos.
Hay una semana de demos en Hermosillo y en San Carlos, en la costa de Sonora, con los gastos de viaje cubiertos para los seleccionados. Y al terminar los cien días viene el momento de verdad: el proyecto se presenta al comité de inversión de Kolab. Si el comité dice que sí, entran hasta 250.000 dólares más en esa empresa recién creada.
Ese 10% sorprende a quien conoce el modelo, porque en los estudios de empresas es habitual leer porcentajes bastante más altos: la lógica de la casa suele ser que, si ponen la idea y el equipo, se llevan un pellizco que se parece más al de un socio fundador que al de un inversor.
Entonces, ¿dónde está el pago?
No en el porcentaje. Está en tres sitios menos visibles.
- La idea no es tuya. Quien entra buscando que le financien lo que lleva años rumiando se encuentra con otra cosa. Aquí el proyecto sale de una tesis de la casa y tú te sumas a ejecutarlo.
- El calendario tampoco. Cien días es un plazo impuesto. Muchos negocios pequeños tardan año y medio en encontrar a su cliente, y ese ritmo no cabe en un programa.
- Hay un comité entre tu empresa y su continuidad. Los 250.000 dólares no están garantizados. Terminas el programa con una empresa constituida, un socio con el 10% y un sí o un no que decide gente que no eres tú.
Quién está detrás y qué llevan hecho
Kolab nació en 2019 dentro del Grupo Koval, un grupo empresarial sonorense, como su laboratorio de innovación y emprendimiento, y se apoya en el patrimonio de una familia. Eso en la jerga se llama family office: una oficina que gestiona el dinero de una sola familia rica, sin inversores externos a los que rendir cuentas cada trimestre. Cambia el temperamento del inversor. Puede esperar más y también puede cerrar el grifo sin dar explicaciones a nadie.
La cartera es corta y bastante identificable. La pieza más reciente es Lounn, un mercado de crédito para pymes mexicanas que cerró una ronda pre-semilla de un millón de dólares junto a Highline Beta. Pre-semilla es el primer dinero serio que entra en una empresa, antes incluso de que el producto esté rodado. Está también Birdie Technologies, de 2024, dedicada a digitalizar los papeles de la cadena de suministro internacional y los trámites de aduana, un terreno donde en la frontera norte de México todavía se mueve mucho fax y mucho PDF. Y aparece Dev.F, escuela de programación y proveedora de perfiles técnicos, que existía antes de que Kolab existiera: señal de que no todo lo que tienen en cartera lo han fundado ellos. En sus listados figuran además Necodex, CBQA y GSE Biomedical.
Lo que ya existía antes
El invento no es nuevo. En 1996, Bill Gross montó Idealab en Pasadena con la misma premisa: la casa tiene las ideas y contrata a quien las lleve. En Berlín, Rocket Internet convirtió aquello en una cadena de montaje que replicaba negocios que ya funcionaban en Estados Unidos. Y en Barcelona, Antai lleva desde 2012 haciendo algo parecido en español: de ahí salieron Wallapop y Glovo.
Conviene no confundirlo con una aceleradora tipo Y Combinator, que también dura unos meses y también acaba en un día de demos. A una aceleradora llegas con tu empresa ya montada y con tus socios; ella te empuja. A un estudio llegas sin nada de eso, y sales con una empresa que se ha construido delante de ti.
A quién no le encaja
A quien ya tiene un negocio en marcha y clientes, porque para eso existen los fondos y sale mucho más barato en porcentaje. A quien lleva su idea tatuada y no piensa cambiarla. A quien necesita un sueldo desde el mes uno: los 40.000 dólares son capital de trabajo, no una nómina. Y a quien no pueda o no quiera operar en México y en el corredor con Estados Unidos, que es donde Kolab mira. Un español que quiera montar algo para el mercado español tiene poco que rascar aquí, más allá de entender cómo funciona el modelo.
La convocatoria de Future Founders sigue abierta por ediciones anuales y la cartera, por ahora, se cuenta con los dedos de una mano. No hay ventas ni salidas conocidas todavía, que es lo normal en una firma que lleva siete años y opera lejos de los focos de Ciudad de México.