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Obesidad

· Dalamar

Siendo un factor de riesgo para la diabetes tipo 2, las enfermedades cardiovasculares y la hipertensión, la obesidad se ha convertido en una de las principales amenazas a la salud pública en todo el mundo. La prevalencia mundial de la obesidad ha pasado del 6,4% en 1980 al 12,0% en 2008 (con la mitad de este aumento producida entre 2000 y 2008). Desde la década de 1960, las kilocalorías disponibles por persona han aumentado de forma constante en todo el mundo.

La grasa blanca subcutánea, excepto la abdominal, no está asociada a trastornos metabólicos y podría tener un carácter preventivo. De hecho, las personas con muy pocas células de grasa, con la enfermedad llamada lipodistrofia, tienen problemas similares a los de las personas con exceso de grasa. El problema surge cuando las células de grasa blanca almacenan un exceso de lípidos, expandiéndose y proliferando de forma rápida en un proceso que se asemeja al crecimiento de un tumor. El suministro de sangre no puede seguir este ritmo y las células comienzan a sufrir por falta de oxígeno. Las células de grasa comienzan a morir, liberando su carga de lípidos, obligando a los macrófagos a tratar de limpiar el desorden. El problema es que los macrófagos no pueden limpiar los lípidos con la suficiente rapidez, por lo que la grasa se extiende al hígado y al páncreas, donde se acumulan hasta producir una enfermedad metabólica, resistencia a la insulina y la diabetes tipo 2.

Aunque se conocen decenas de genes implicados en la obesidad, aún no son suficientes para dar cuenta de la predisposición de una familia a la obesidad. Los estudios de asociación de genoma completo (GWAS), que comparan los genomas de miles de individuos obesos con los de miles de personas delgadas, han permitido determinar unos 75 polimorfismos de un solo nucleótido (SNP) asociados a la obesidad. Sin embargo, su utilidad diagnóstica se ha puesto en entredicho, pues en su conjunto, las variantes identificadas en GWAS explican sólo entre el 2% y el 4% de la variabilidad genética asociada a la obesidad. Parece que la heredabilidad de la obesidad no sólo depende de la genética, sino también del medio ambiente. Quizás la epigenética sea la clave.

La microbiota intestinal humana, unas mil bacterias que habitan en nuestro tracto digestivo, parece que tienen un importante papel en la regulación del peso corporal. El microbioma (los genes de la microbiota intestinal) está bien correlacionado con la probabilidad de ser obeso, pero no se sabe si es causa o efecto.