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Buscando la Libertad
Dejar de depender de una nómina: montar algo, comprar algo o vivir de lo invertido

Tu herramienta de trabajo es de alguien, y ese alguien puede acabar en tu mercado

· snavarro
Escritorio de madera junto a una ventana al amanecer, con un cuaderno cerrado y un portátil

Si estás construyendo algo por tu cuenta, la semana pasada ha ocurrido algo que te afecta más de lo que parece, aunque vaya de matemáticas y de fluidos y no tengas ninguna intención de acercarte a ninguna de las dos cosas.

El resumen, con los hechos que están reconocidos por las dos partes: dos matemáticos llevaban meses trabajando en un problema difícil. Durante ese trabajo usaron herramientas de programación de una empresa de inteligencia artificial. Esa empresa acabó publicando un resultado sobre el mismo problema antes que ellos. Uno de los matemáticos sostiene que hubo juego sucio; la empresa lo niega y afirma que no accedió a nada de sus usuarios.

Quién tiene razón no lo sabemos y probablemente tarde en saberse. Pero para lo que aquí interesa, da igual quién tenga razón. Lo que importa es que a esos dos les ha pasado, y ellos no podían saber si les estaba pasando. Estaban en el peor sitio posible sin haber hecho nada raro: trabajando su ventaja competitiva dentro de una herramienta que pertenece a alguien que podía convertirse en su competencia.

El sitio donde escribes lo que sabes

Cuando montas algo solo, tu única ventaja de verdad es lo que sabes y que otros no. La lista de clientes a los que ya has llamado y lo que te contestó cada uno. El proceso que has ido puliendo a base de equivocarte durante dos años. La razón por la que tu producto está hecho así y no de la manera obvia.

Todo eso lo escribes en algún sitio. En un asistente que te ayuda a redactar propuestas, en una herramienta que te escribe código, en un cuaderno compartido, en el chat donde piensas en voz alta. Y ese sitio es de alguien.

No hablo de que te roben. Casi nunca se trata de eso, y las condiciones de uso de las herramientas serias dicen expresamente que no usan lo que escribes para entrenar sus modelos. Hablo de algo más aburrido y más probable: que a la empresa que te da la herramienta se le ocurra un día que tu negocio es un buen negocio.

Ha pasado muchas veces y siempre con la misma forma. Un fabricante ve qué se vende bien en el mercado que él mismo gestiona y saca su propia versión. Una plataforma se fija en qué integración de terceros usa todo el mundo y la incorpora al producto. No hace falta espiar a nadie: basta con mirar los datos agregados que uno tiene por gestionar la plaza.

Qué haría yo, en concreto

Separar el borrador del expediente. Usa las herramientas para trabajar, que para eso están y son buenísimas. Pero lo que constituye tu ventaja —los precios reales que aceptas, la lista de contactos, los números, la razón verdadera por la que ganas los proyectos que ganas— vive en un sitio que controlas tú. No es paranoia: es la misma lógica por la que no guardas las escrituras en el cajón de la oficina de otro.

Mirar quién es el dueño antes de casarte. Antes de meter algo importante en una herramienta, dedica cinco minutos a mirar de quién es, de qué vive y en qué mercados está entrando. Si su plan de crecimiento pasa por el sector en el que tú estás, ya sabes lo que hay. Puedes seguir usándola; lo que no puedes es olvidarlo.

Escribir las fechas. Los dos matemáticos del caso tenían algo a su favor: había constancia de cuándo habían hecho cada cosa. Tú también puedes tenerla y no cuesta nada. Un repositorio con su historial, un correo a ti mismo, una propuesta fechada y enviada. El día que haga falta demostrar que algo era tuyo antes, esa constancia es lo único que existe.

No poner todos los huevos en un proveedor que además es un competidor potencial. Que puedas irte, aunque no te vayas. Que tu proceso no dependa de una función que solo existe en un sitio.

Lo que no haría

Dejar de usar las herramientas. Son una ventaja enorme y renunciar a ellas por miedo te deja fuera sin protegerte de nada: la empresa que quiera entrar en tu mercado va a entrar igual, uses tú lo que uses.

Tampoco montaría un sistema de seguridad de tres capas para un negocio que todavía no factura. La medida tiene que ser proporcional a lo que hay que proteger, y al principio lo que hay que proteger es poco.

Lo que sí haría desde el primer día es tener claro cuál es la parte de tu trabajo que no puede vivir en casa de otro. Aunque sean cuatro líneas en un fichero. Saber cuáles son ya te pone por delante de la mayoría.