Las cagadas de Willyrex

Vamos a quitarnos de encima lo primero: ese título es un anzuelo y no lo vas a encontrar aquí. Willyrex no la ha cagado, al menos no como esperabas al pinchar. En el balance de fin de año del podcast spicy4tuna, Guillermo Díaz repasó tres cosas que le salieron mal durante el año, y en las tres dice lo mismo: no perdió dinero. Lo dice con esas palabras.
Así que si venías al escarnio, este no es el sitio. Si te quedas, lo que hay es algo más útil: tres decisiones que no salieron, contadas por quien las tomó, y un tipo de fallo que no aparece en ninguna factura y que se come los negocios pequeños mucho antes que las pérdidas.
Sus palabras, sus cuentas y el vídeo entero al final para que lo compruebes.
Los cómics que costaban más de lo que podían devolver
El primero salió de una idea que le dieron en el propio podcast: los webtoons, cómics en formato vertical pensados para leerse deslizando el móvil, donde una viñeta puede continuar en la siguiente sin cortes. Sobre el papel encajaba con lo que ya tenía: veinte libros publicados del universo de Vegetta.
Montó un spinoff con los personajes crecidos y sacó, según cuenta, entre seis y ocho. Contrató para dibujarlos «al mejor que había», un animador que además era youtuber.
Y ahí está el nudo, contado por él: «claro, para esto requería de muchísimo tiempo, de un animador… pero claro, tardaba tiempo y había unos gastos de hacer todo esto a mano».
El objetivo declarado era modesto: ponerlos a la venta «aunque fuese por uno o dos euros» para recuperar parte de lo invertido. «Obviamente no queríamos ganar», dice. No llegó.
El producto que estaba en las tiendas y no se aprovechó
El segundo es distinto y es el que más rabia le da, y lo dice con esa palabra. Tuvieron un producto en distribución, en tiendas físicas, y no supieron sostener la rotación:
«A nivel personal no he perdido dinero, que está bien. He aprendido cómo funciona todo el mundo del retail, que es un mundo aparte… pero sí ha sido un poco de rabia porque teníamos una oportunidad muy grande de tener el producto siempre que estuviese en rotación y que funcionase bien, y no lo hemos aprovechado.»
Merece la pena pararse en esa frase, porque contiene las dos cosas a la vez: no perdió dinero y aun así lo cuenta como una de las cosas que peor le fueron. Para quien vende en tiendas físicas, estar en el lineal no es el final del trabajo: es el principio. Si el producto no rota, el siguiente pedido no llega, y el hueco lo ocupa otro.
El negocio que quizá cierre aunque gane dinero
El tercero todavía está abierto mientras se escribe esto. Tiene un negocio con socios que lleva meses en pruebas, desde el Black Friday, y lo que está midiendo no es si gana dinero
—dice que gana— sino si compensa el tiempo que le come:
«En base a esto veremos si salen los números o si hay que cerrar porque no merece la pena. Hemos ganado dinero, hemos aprendido una barbaridad haciendo ofertas, qué funciona, cómo fabricar más barato… pero hay que ver si la unidad de negocio merece la pena para el tiempo que le estoy poniendo.»
Cuando en el podcast le preguntan si eso lo consideraría un error, contesta que no, y explica por qué con un marco que es lo más aprovechable de toda la conversación.
«Estoy entrenando para el negocio que haré a los cincuenta»
Tiene treinta y dos años. Su respuesta fue esta:
«Yo siempre digo, yo estoy entrenando para que con cincuenta años sé que voy a hacer el negocio que va a ser una locura. Entonces, hasta los cincuenta años, todo lo que haga para mí está bien. Aunque pierda dinero, aunque la líe.»
Se puede estar de acuerdo o no, y hay una objeción evidente: eso lo dice alguien que puede permitirse perder. Pero el razonamiento que hay debajo no depende del dinero que tengas detrás, y es el que cuesta aplicar cuando el negocio es el único que tienes.
Lo que se puede sacar de aquí si tu negocio es pequeño
Tres cosas, y ninguna es «arriesga más».
El coste de oportunidad se mide, aunque no aparezca en ninguna factura.
Los tres casos que cuenta tienen la misma forma: nada se hundió, pero algo se llevó meses que podían haber ido a otro sitio. Ese gasto no lo ve el gestor y no sale en el resultado del ejercicio.
Hacerlo bien y hacerlo caro no es lo mismo. Contratar al mejor animador que había disponible fue una buena decisión de calidad y una mala decisión de negocio para un producto que iba a venderse a dos euros. La calidad hay que ponerla donde el cliente la paga.
Estar en la tienda no es haber vendido. Conseguir el lineal es la parte que se celebra; sostener la rotación es la que decide si hay un segundo pedido.
La conversación completa
El repaso está en el episodio de fin de año de spicy4tuna, publicado el 26 de diciembre de 2025. Las partes que se citan aquí están en la primera mitad.