Dos startups, 475 millones y la misma pregunta: ¿te fabricas la pieza que te falta o se la compras a otro?

Hay una manera rápida de saber si un sector se ha puesto interesante: mira si dos empresas que hacen lo mismo se han pasado el año levantando dinero a valoraciones que no se parecen a nada. Este año le ha tocado a una idea que hace tres sonaba a broma, que es meter los ordenadores de la inteligencia artificial en órbita.
Lo interesante para quien está montando algo no son los millones. Es que las dos han decidido resolver el mismo problema de dos maneras opuestas, y una de las dos se va a equivocar.
Los dos jugadores
Cowboy Space. La monta Baiju Bhatt, que ya fundó Robinhood, o sea alguien que no necesita que le abran ninguna puerta. Se llamaba Aetherflux hasta hace poco. En mayo levantó 275 millones de dólares con Index Ventures a la cabeza, y con Breakthrough Energy —el fondo de Bill Gates— y Andreessen Horowitz dentro. Valoración: 2.000 millones.
Starcloud. Salió de Y Combinator y antes se llamaba Lumen Orbit. En marzo cerró 170 millones a 1.100 de valoración, y con eso se llevó un récord que dice bastante del momento: es la empresa que más rápido ha alcanzado los mil millones en la historia de esa incubadora. Diecisiete meses desde que se presentó en público.
La decisión que las separa
Las dos han mirado el mismo cuello de botella: para poner ordenadores arriba hacen falta cohetes, y no hay bastantes.
Cowboy Space ha decidido fabricarse los suyos. Su primer lanzamiento propio está previsto para 2028. Es la respuesta cara: te metes en un negocio entero que no era el tuyo, tardas años más y quemas el dinero mucho antes de facturar el primer euro. A cambio, el día que funcione no dependes de nadie.
Starcloud ha decidido lo contrario: los cohetes que los ponga SpaceX, y ellos se concentran en la máquina. Es más barato, llegan antes y ya tienen un satélite arriba con una tarjeta gráfica dentro desde noviembre de 2025. A cambio, su plan de negocio depende del calendario de otra empresa, sobre la que no mandan.
Esto no va del espacio
La discusión es la de siempre y la vas a tener tú también, aunque lo tuyo no despegue de la Tierra. Si tu proveedor crítico es el cuello de botella, ¿te lo compras, lo sustituyes o rezas?
Casi nunca sale a cuenta integrarse hacia atrás. Fabricarte tú la pieza que te falta solo tiene sentido cuando el proveedor no puede darte lo que necesitas y tú tienes dinero para aguantar los años que tardes en hacerlo tú mismo. Bhatt tiene las dos cosas. Casi nadie las tiene.
Lo que se suele contar mal
El argumento de venta de este negocio tiene dos patas y solo una aguanta.
La que aguanta: en órbita el sol no se pone. El panel produce las veinticuatro horas, no hay que pedirle enchufe a nadie y no se gasta agua en refrigerar, que en tierra ya es un problema con vecinos y ayuntamientos de por medio.
La que no: eso de que el frío del espacio refrigera gratis. En el vacío no hay aire ni agua que se lleven el calor, así que solo queda radiarlo, y radiarlo es lento. Los números que se manejan hablan de unas cien toneladas de radiadores por cada megavatio de ordenadores, que pesan unas diez. La nevera pesa diez veces más que lo que hay dentro, y en este negocio el peso es lo que pagas por subir.
Merece la pena guardarse el detalle, porque es el patrón de cualquier sector que se calienta: la parte del discurso que suena más obvia suele ser la que nadie ha comprobado. Cuando alguien te venda su idea con una frase que te parece de sentido común, esa es la que hay que ir a mirar.
Qué mirar de aquí en adelante
Si te interesa seguirlo, olvídate de los titulares de rondas. Dos cosas valen la pena.
Una: cuántos vatios consigue disipar cada una por kilo puesto en órbita. Ese número decide el negocio entero.
Dos: si Starship cumple su calendario. Si cumple, Starcloud acierta y Cowboy Space se habrá gastado una fortuna en fabricar algo que podía comprar. Si no cumple, al revés.
Cuando dos empresas apuestan lo contrario con dinero de verdad, la que se equivoque va a dejar la lección mejor explicada que cualquier libro.