Imagine Ventures: doce startups con un fondo de cuatro millones y un segundo de diez por delante

Más de setecientas startups pasaron por el filtro. Más de quinientas llegaron a un análisis a fondo. Doce se llevaron dinero.
Esa es la aritmética del primer fondo de Imagine Ventures, un vehículo chileno de alrededor de cuatro millones de dólares que a mediados de 2025 tenía desplegado en torno al 80% y doce operaciones firmadas, con quince como número previsto al cierre. Menos de dos de cada cien candidaturas acabaron en transferencia. Conviene tener ese dato delante antes de leer el resto, porque el resto suena más acogedor de lo que es.
Diez años repartiendo cheques pequeños antes de montar un fondo
Imagine no nació como fondo. Nació en 2014 en Santiago como aceleradora, y durante una década hizo el trabajo poco lucido de ver empresas muy verdes: alrededor de diez mil startups revisadas en América Latina y unas ciento veinte financiadas, con cheques que iban de los 5.000 a los 120.000 dólares. No es capital riesgo en sentido estricto. Es dinero de programa, el que te permite pagar un servidor y tres meses de sueldo mientras intentas cobrar la primera factura.
En 2022 el grupo abrió el fondo. El equipo lo dirigen Javier Cueto y Eduardo Tastets como socios gestores, con media docena de socios más y un pequeño equipo de portafolio y ecosistema detrás. La diferencia con la etapa anterior no es solo el tamaño del cheque: un fondo tiene inversores a los que devolver el dinero en un plazo, y eso cambia qué empresas puede firmar.
La tesis del primer fondo se apoya en dos patas. Futuro del trabajo, que en la práctica ha significado transformación digital con inteligencia artificial, sostenibilidad y bienestar de las personas. Y futuro de las finanzas: inclusión financiera, infraestructura de pagos, comercio electrónico y marketplaces. Entran en preseed y semilla, es decir, muy temprano, y miran toda América Latina.
Qué han comprado: doce empresas y un mapa que no es solo Chile
Las tres primeras inversiones, en 2022 y 2023, fueron Avanzo, Velocity y WeKall en Colombia, más Beeok en Chile y MiEmpeño en México. En 2024 entraron las chilenas Relif, Ainwater y Xpendit y la mexicana Nudos. En 2025 llegaron tres más: Yana, una aplicación mexicana de bienestar con inteligencia artificial que supera los 16 millones de descargas; AIDA, también mexicana, que vende software de ventas multicanal apoyado en WhatsApp; y la chilena LicitaLab, que aplica IA a las compras públicas.
Ese reparto dice algo útil para un fundador de Santiago:
| País | Inversiones |
|---|---|
| Chile | 5 |
| México | 4 |
| Colombia | 3 |
Siete de las doce están fuera de Chile. Ser chileno y tener el fondo en la misma ciudad no da ventaja de proximidad, o al menos no se nota en la cartera. Lo que sí se nota es el tipo de cliente: casi todas venden a empresas o a microempresarios, no a un consumidor final que paga cuatro euros al mes por una suscripción.
Qué llaman impacto cuando deciden un cheque
El segundo fondo se anunció por diez millones de dólares y con un enfoque más centrado en impacto, para el que suman nuevos socios y alianzas. La tesis sigue girando alrededor del futuro del trabajo, pero más especializada, con tres verticales: inteligencia artificial, personas (bienestar y economía plateada, la de los mayores de sesenta) y sostenibilidad.
Aquí hay que ser preciso, porque «impacto» significa cosas muy distintas según quién lo diga. Imagine Ventures no ha publicado una métrica formal ni un umbral que haya que cumplir. Lo que hay es la explicación de Cueto al anunciar las últimas tres operaciones: que buscan soluciones que aborden temas relevantes y de impacto, y cita tres ejemplos concretos, el bienestar de las personas, digitalizar a microempresarios y modernizar el sistema de compras públicas.
Traducido a lo que le sirve a alguien que va a pedir una reunión: el impacto aquí se lee en el sector y en el tipo de usuario, no en un certificado. Si tu cliente es una pyme que hasta ahora llevaba las cuentas en papel, un trabajador cuyo día mejora, un funcionario que tarda menos, entras en la conversación. Si tu producto es bueno pero el impacto hay que explicarlo con un párrafo de teoría, va a costar.
Con cuánto entran
El ticket no es público, y no conviene inventarlo. Lo que se puede hacer es la división: cuatro millones de dólares repartidos entre quince empresas dan una media cercana a los 266.000 dólares. Esa media incluye los seguimientos, el dinero que un fondo reserva para volver a poner en las que van bien. El primer cheque es bastante más pequeño que la media, siempre. Como referencia del apetito de la casa, la etapa de aceleradora se movía entre 5.000 y 120.000 dólares.
El segundo fondo, de diez millones, apunta a apoyar en torno a veinte empresas. La cuenta sale parecida, con algo más de músculo para acompañar a las que despeguen.
A quién no le encaja
Si buscas un millón de dólares o más, este no es el sitio: el fondo entra antes, cuando todavía no hay casi nada. Si tu empresa ya levantó una serie A, llegas tarde. Si estás fuera de América Latina, quedas fuera del mandato, aunque el fondo tenga red en Estados Unidos, Europa y Asia para ayudar a salir.
Tampoco encaja quien esté en sectores que no aparecen en ninguna de las dos patas: biotecnología, hardware pesado, consumo puro. Y hay un perfil más sutil que suele chocar, el fundador que solo quiere el dinero. Imagine viene de diez años de aceleradora y su forma de trabajar incluye programa, red y presencia. Quien vea eso como ruido va a estar incómodo desde la primera reunión de seguimiento.
Para quien sí encaje, el camino de entrada es el formulario de su web, imagineventures.tech. Antes de escribir, merece la pena mirar las doce que ya firmaron y responder a una pregunta sencilla: a cuál de ellas se parece la tuya, y en qué. Esa respuesta pesa más que el plan financiero a cinco años.