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Buscando la Libertad
Dejar de depender de una nómina: montar algo, comprar algo o vivir de lo invertido

Arrivo, el «fin del tráfico» que prometió Brogan BamBrogan y que se quedó sin vía en Denver

· Nadia Bermejo
Imagen editorial del caso Aria (Arrivo) hyperloop

Qué era Arrivo

Una mañana de noviembre de 2017, en Denver, el Departamento de Transporte de Colorado se subió al estrado con una startup de Los Ángeles que tenía poco más de nueve meses de vida. Lo que se anunciaba sonaba a ciencia ficción con presupuesto público de fondo: unos trineos de levitación magnética que llevarían coches particulares, mercancías y cápsulas de pasajeros a unos 320 km/h (200 millas por hora) por la mediana de las autopistas, desde la ciudad hasta el aeropuerto. Su consejero delegado lo resumía así: «Arrivo acabará con el tráfico».

Arrivo Corporation nació en Los Ángeles a finales de 2016 para comercializar una versión del *hyperloop*, el tren en tubo de vacío que Elon Musk había esbozado en 2013. Al año de vida abandonó el tubo y el vacío y se quedó con la levitación magnética (*maglev*: el vehículo flota sobre la vía empujado por imanes y motores eléctricos lineales, sin ruedas). Cerró en diciembre de 2018 sin construir nada.

Una nota sobre el nombre: en las fuentes consultadas no consta ninguna marca «Aria». La empresa se llamó Arrivo de principio a fin.

Historia

### Un portazo en Hyperloop One

El relato de Arrivo empieza en otra empresa. Brogan BamBrogan, ingeniero que había pasado por SpaceX, fue cofundador y director técnico de Hyperloop One, la startup de hyperloop más famosa del momento. El apellido no viene de familia: se llamaba Kevin Brogan y lo cambió al casarse con su mujer, Bambi.

En julio de 2016 BamBrogan y otros antiguos empleados demandaron a Hyperloop One ante un tribunal de Los Ángeles. Acusaban a los inversores de capital riesgo que la controlaban de estar «estrangulando» la tecnología, y apuntaban a una mala gestión y a nepotismo en torno a su presidente, Shervin Pishevar. La demanda incluía la acusación más llamativa: que Afshin Pishevar, hermano de Shervin y entonces jefe de los servicios jurídicos, había dejado una soga de ahorcado sobre la silla del despacho de BamBrogan después de una discusión por un viaje de negocios a Rusia. Hyperloop One calificó las acusaciones de «desafortunadas y delirantes», dijo que el objeto era un lazo de vaquero para dar a entender que BamBrogan iba «por libre» y presentó una contrademanda. En noviembre de 2016 las partes llegaron a un acuerdo de condiciones confidenciales. Los demandantes avisaron de que iban a construir su propio hyperloop.

### Siete fundadores y una promesa a tres años

Cumplieron. El 9 de febrero de 2017 se presentó Arrivo. BamBrogan era el consejero delegado, y con él llegaban Knut Sauer, que había sido vicepresidente de desarrollo de negocio en Hyperloop One; Jadon Smith, otro antiguo ingeniero de SpaceX; Andrew Liu, que venía de la consultora de infraestructuras AECOM; y Nima Bahrami, William Mulholland y David Pendergast. Decían tener «financiación inicial», pero no dieron la cifra ni el origen. El plan pasaba por empezar con carga, seguir con pasajeros cuando tuvieran historial y certificaciones, y tener «algunos proyectos en funcionamiento en los próximos tres años». BamBrogan lo resumió así: «La era de los engranajes y la grasa se ha acabado».

La hoja de ruta de contratación era ambiciosa: algo más de 30 empleados en junio y entre 70 y 80 a final de año. En junio de 2017 BamBrogan contaba 20. Ese verano USA Today la colocó entre las tres aspirantes más serias de la carrera del hyperloop.

### El giro: menos tubo, más autopista

En agosto de 2017 BamBrogan y Liu fueron a ver a Shailen Bhatt, director del Departamento de Transporte de Colorado (CDOT). Le hablaron de autopistas que moverían diez veces más vehículos y de un «Super Metro» de cápsulas de 20 a 30 plazas que, según sus cálculos, transportaría entre 72.000 y 108.000 personas por hora. El coste para el usuario se parecería al del transporte público o al de un peaje.

El 14 de noviembre de 2017 se anunció el acuerdo entre CDOT, la autoridad de la autopista de peaje E-470 y Arrivo. La empresa se instalaría en una antigua plaza de peaje en desuso de la E-470, en Commerce City, montaría allí un centro de ingeniería y, en una segunda fase, una pista de pruebas de unos 800 metros (media milla). Para entonces ya había renunciado al tubo de vacío y se presentaba como un sistema maglev. BamBrogan aseguraba que el viaje costaría lo mismo que el peaje de Peña Boulevard, la autopista del aeropuerto, que la obra se pagaría en diez años y que el primer tramo, de Aurora al aeropuerto, empezaría a construirse en 2019 para abrir en 2021. Se habló de hasta 200 empleados.

Las administraciones pusieron incentivos sobre la mesa. En diciembre de 2017 Commerce City aprobó devoluciones de impuestos y tasas estimadas en 182.500 dólares, y el Gobierno estatal ofreció cerca de 760.000 dólares en incentivos ligados a resultados. Ambos dependían de que Arrivo cumpliera lo prometido en contratación: al menos 75 ingenieros con sueldos de 100.000 dólares en un plazo de tres años.

En el CDOT eran menos entusiastas de lo que parecían las fotos. Su portavoz, Amy Ford, lo explicó después a Wired: «No estábamos necesariamente comprometidos con la parte transformadora de su tecnología». Y sobre el punto en que se encontraba el proyecto: «Si esto fuera un proceso de cien pasos, estábamos en el paso tres, más o menos».

### Mil millones que no eran para Arrivo

Las obras de la pista debían arrancar en el primer trimestre de 2018. No empezaron. En julio de 2018 llegó el titular que parecía un salvavidas: Arrivo firmaba con Genertec America, filial de un grupo estatal chino, una línea de crédito de 1.000 millones de dólares. La letra pequeña importaba mucho. El dinero no iba a la startup: Genertec lo pondría a disposición del promotor de un proyecto que usara la tecnología de Arrivo, para pagar ingeniería, compras y obra. Según la empresa, daba para hasta tres tramos urbanos de entre 10 y 15 kilómetros. Para pagar nóminas mientras tanto, Arrivo necesitaba otra cosa: una ronda de inversión de verdad.

### Noviembre de 2018

Esa ronda, la Serie A (la primera ronda grande de capital riesgo después de la financiación inicial), no llegó. A finales de noviembre de 2018 unos 30 empleados pasaron a excedencia y, a final de mes, cerca de la mitad fueron despedidos, según dos trabajadores que hablaron con The Verge de forma anónima. Una reseña en Glassdoor del 2 de diciembre ya hablaba de permisos sin sueldo. El 14 de diciembre de 2018 se publicó que Arrivo echaba el cierre. La pista de Commerce City nunca se construyó y el estudio de viabilidad quedó sin terminar.

Por qué murió

Cifras de Aria (Arrivo) hyperloop

Los números

La lección

Arrivo coleccionó lo que en una startup de software suele bastar para ganar tiempo: un fundador con currículum de SpaceX, un rival famoso del que diferenciarse, un Gobierno regional en la foto y una cifra con nueve ceros en un titular. En infraestructuras nada de eso sustituye a una prueba física. Cada anuncio subía las expectativas y ninguno añadía caja ni metros de vía, y cuando los inversores pidieron algo tangible para la Serie A, solo quedaba un plan.

Para quien quiera construir algo físico y caro, el caso deja tres preguntas concretas. ¿Cuánto dinero hace falta para llegar a la primera demostración que un inversor pueda tocar, y está asegurado? ¿Los acuerdos firmados meten dinero en la empresa o solo lo prometen a terceros si algún día existe un proyecto? ¿Los plazos que se anuncian se parecen a los de alguna obra comparable que ya se haya hecho? Arrivo habría contestado mal a las tres en noviembre de 2017, el día de la foto en Denver.

Este texto es un análisis divulgativo y no constituye asesoramiento ni recomendación de inversión.

Fuentes

(Todas nofollow.)