Kleva: la empresa de Ciudad de México que pone agentes de IA a llamar a quien se ha retrasado en un pago

Son las seis y media de la tarde y a alguien de Guayaquil le suena el móvil. Al otro lado, una voz con el acento de su ciudad le recuerda que la cuota del préstamo venció hace once días. Hace una pausa, se le escapa un «eh…» a media frase y le pregunta si le viene mejor pagar el viernes o partirlo en dos. La persona contesta, negocia un poco y cuelga con una fecha apuntada. No ha hablado con nadie. Ha hablado con un programa.
Ese programa lo vende Kleva, una empresa con sede en Ciudad de México que se dedica a una de las tareas menos vistosas del mundo financiero: cobrar. A finales de abril de 2026 anunció su primera ronda de inversión, 1,55 millones de dólares, y con ese dinero quiere llevar sus agentes a más bancos y prestamistas de América Latina.
Qué problema tienen sus clientes
Cualquier entidad que presta dinero, sea un banco, una financiera de consumo o una fintech que da microcréditos desde una aplicación, tiene una parte de clientes que se retrasa. La mayoría no ha decidido dejar de pagar: se le ha olvidado, ha cobrado tarde o tiene un mes apretado. En el sector a esas primeras semanas de retraso se las llama mora temprana, y es el momento en el que más fácil resulta recuperar el dinero, porque la deuda todavía es pequeña y la relación con el cliente sigue viva.
Para atenderla, lo habitual ha sido un centro de llamadas. Decenas de personas, a menudo en una empresa subcontratada, marcan números de una lista, siguen un guion y anotan promesas de pago. Es un trabajo caro, con mucha rotación de plantilla y con un límite físico evidente: no da tiempo a llamar a todos en la hora en la que es más probable que cojan el teléfono.
Cómo funciona por dentro
Kleva sustituye una parte de ese centro de llamadas por agentes de inteligencia artificial que hablan y escriben. Según ha contado la propia empresa a la prensa argentina, sus voces están clonadas de personas reales a partir de cientos de horas de grabación y reproducen el acento local, no solo del país sino de la provincia: un cliente de Córdoba oye a alguien que suena cordobés. Imitan también los silencios, las pausas y los pequeños tropiezos del habla, porque una voz demasiado limpia hace que la gente cuelgue.
El mismo sistema combina llamadas, mensajes de texto, WhatsApp y correo electrónico, de modo que si alguien no coge el teléfono puede recibir un recordatorio por escrito. Al ser software, puede recorrer la cartera entera, es decir, toda la lista de clientes con retrasos, en la franja horaria en la que más contestan.
Lo que promete a sus clientes son dos cifras: recuperar hasta un 25 % más de deuda y gastar hasta un 70 % menos en el proceso de cobro. En una entrevista con iProfesional citaron además una prueba a ciegas frente a un equipo humano en la que, dicen, su sistema recuperó 700.000 dólares más en treinta días. Son datos de la propia empresa y así hay que leerlos, pero dan una idea de con qué argumento entra en las reuniones.
Quién está detrás
La fundaron dos personas. Ed Escobar, el director general, al que la nota de la ronda presenta como mexicano y una entrevista posterior sitúa como nacido en Venezuela, estudió Matemáticas en Estados Unidos, fue tenista profesional y había montado antes otras empresas tecnológicas en Silicon Valley. Juan Martín Pagella, el director de operaciones, es argentino, de Junín, economista por la Universidad de Buenos Aires, y conoce bien el terreno: fue director comercial de Sirena, una empresa argentina de software para vender por WhatsApp que compró la brasileña Zenvia en 2020. Antes había tenido una cadena de carnicerías.
La empresa figura como creada en 2025, aunque sus fundadores hablan de unos dos años de trabajo en el proyecto. El nombre sale del inglés clever, listo. Hoy son 17 personas.
Quién ha puesto el dinero
La ronda de 1,55 millones es una ronda semilla, que es como se llama a la primera inversión seria de una empresa joven: dinero para demostrar que el producto se vende antes de pedir cantidades mayores. La ha liderado Wollef Ventures, y han entrado también Nascent, Kuiper VC y Lerer Hippeau, este último un fondo de Nueva York con muchos años invirtiendo en empresas en sus primeras etapas.
Qué existía antes y en qué se separa
Llamar automáticamente a deudores no es nuevo. Los centros de cobranza llevan décadas usando marcadores automáticos que llaman a la vez a muchos números y pasan la llamada a un empleado cuando alguien contesta, y los mensajes grabados del tipo «le recordamos que tiene un saldo pendiente» son igual de antiguos. La diferencia está en que aquí no hay un empleado esperando al final: el agente mantiene la conversación, responde preguntas y negocia una fecha o un pago parcial. Frente a las grandes plataformas de centros de contacto, que venden herramientas generales, Kleva se ha especializado solo en cobrar y solo en América Latina, con los acentos y los canales que se usan allí.
Una máquina que llama a gente que debe dinero
Este negocio tiene una particularidad que no tienen otros usos de la IA. Al otro lado de la llamada hay alguien que está pasando un mal momento, aunque sea pequeño, y la forma en que se le habla importa. Las leyes de protección al consumidor de la región limitan los horarios, la frecuencia de las llamadas y el tono de los cobradores, y esas reglas valen igual para una voz sintética. También está la pregunta de si la persona debe saber que habla con un programa. Kleva no ha explicado públicamente cómo resuelve cada uno de estos puntos, y quien quiera contratarla hará bien en preguntarlo.
Su apuesta por la mora temprana tiene aquí sentido: en las primeras semanas la conversación suele ser un recordatorio y una propuesta de fecha, no una presión sobre alguien que ya no puede pagar.
A quién le sirve y en qué punto está
Le encaja a una entidad con volumen: miles de clientes con cuotas pequeñas y un equipo de cobro que no llega. A una empresa que tiene veinte facturas pendientes con otras empresas no le sirve de mucho; ahí sigue siendo más práctico llamar uno mismo.
Hoy Kleva trabaja con clientes como DirecTV, On City, Vana y el Banco de Guayaquil, y opera en Argentina, México, Colombia, Perú, Chile y Ecuador. Con la ronda recién cerrada, el siguiente paso es sumar entidades en esos seis países y demostrar que las cifras que promete se sostienen cuando las llamadas se cuentan por millones.