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El truco de los tres botes para la paga de los niños lleva años siendo un producto, y en México lo vende una fintech

· snavarro
El truco de los tres botes para la paga de los niños lleva años siendo un producto, y en México lo vende una f

Circula estos días por redes un consejo de crianza financiera que se ha visto cientos de miles de veces: darle al niño un dinero por hacer tareas en casa y repartirlo en tres botes, uno para dar, otro para gastar y otro para no tocar.

El método no es nuevo ni es de quien lo cuenta. Los frascos con etiquetas llevan décadas en la educación financiera doméstica anglosajona. Lo que sí ha cambiado es que ese reparto dejó de ser un asunto de tarros de cristal y pasó a ser una categoría de producto con empresas detrás.

Qué problema resuelve de verdad

El problema no es el niño: es el padre.

El método manual funciona mientras hay monedas. En cuanto el gasto de un adolescente se va al móvil, a las suscripciones y a las compras dentro de las aplicaciones, los frascos se quedan sin contenido que repartir. El dinero existe pero es invisible, y con él desaparece la parte educativa, que era ver el montón crecer o menguar.

De ahí sale el producto: una tarjeta a nombre del menor, con el dinero controlado desde una aplicación de los padres.

Cómo funciona en concreto

La forma es bastante parecida en todas las que hay. El padre carga dinero desde su cuenta o su tarjeta. Define una paga periódica automática. Pone límites de gasto y puede bloquear categorías o comercios concretos. Ve en qué se ha gastado cada euro o cada peso, y cuándo.

La parte que conecta con los tres botes es la de metas y tareas: se crean objetivos de ahorro que el niño ve llenarse, y se pueden asignar tareas semanales con una cantidad asociada que se abona al cumplirlas.

O sea, los mismos tres botes, pero con el saldo visible en una pantalla y sin necesidad de que haya monedas por casa.

Quién lo hace en México

El caso más conocido en el mercado mexicano es Mozper, fundada en 2020 y dirigida por Gabriel Roizner. Ofrece tarjeta de débito para menores, emitida en acuerdo con Visa, y la aplicación de control para los padres con lo descrito arriba.

En el terreno regulatorio hizo lo que hay que hacer en ese negocio: obtener autorización para operar como Institución de Fondos de Pago Electrónico en México, que es la figura que permite manejar dinero de terceros sin ser un banco. También anunció expansión a Brasil. En financiación levantó alrededor de cinco millones de dólares en sus rondas iniciales, con una semilla de 3,55 millones.

Un aviso sobre estos datos: la información pública que he podido comprobar corresponde a sus primeros años. No he encontrado nada verificable sobre en qué punto está en 2026, así que quien esté valorando usarla o competir con ella haría bien en comprobarlo por su cuenta antes que fiarse de un artículo.

Qué había antes que hiciera algo parecido

La cartilla de ahorro que abrían los abuelos en la caja del pueblo, con su libreta sellada. Hacía exactamente lo mismo que el bote de no tocar: dinero apartado, visible, con un adulto custodiando y un acto físico para ingresar.

La diferencia no está en la idea, está en dónde vive el gasto. La cartilla funcionaba porque el dinero del crío se gastaba en la tienda de abajo. Estos productos existen porque ya no.

A quién le sirve y a quién no

Le sirve a un padre con hijos de diez años en adelante que ya gastan en digital y que quiere ver en qué, sin tener que pedirle el móvil al niño.

No le sirve a quien tenga críos de cinco o seis años, que es justo la edad que proponía el vídeo del que viene todo esto. A esa edad el dinero tiene que ser físico, porque el aprendizaje consiste precisamente en tocarlo y en verlo desaparecer. Una tarjeta ahí no enseña nada.

Y tampoco le sirve a quien busque que esto salga gratis: son productos con cuota, mensual o anual, y esa cuota hay que compararla con lo que se pretende enseñar. Pagar una suscripción para administrar veinte euros al mes es una lección financiera, aunque puede que no la que se buscaba.

La parte discutida, que conviene saber

Pagar por las tareas de casa no es un consenso. En educación financiera se distingue con frecuencia entre lo que se hace por vivir en esa casa, que no se cobra, y los encargos extra, que sí. El motivo es evitar que el crío aprenda que colaborar en su propia casa requiere cobrar.

Los productos de este tipo traen la función de tareas remuneradas porque vende bien, no porque la pedagogía esté cerrada. Quien lo use haría bien en decidir él dónde pone esa línea, y no dejar que la ponga una aplicación.