Saltar al contenido
Buscando la Libertad
Dejar de depender de una nómina: montar algo, comprar algo o vivir de lo invertido

Obscura: un navegador de código abierto para agentes de IA con 27.800 estrellas y un botón de «pide una demo»

· revisado el · snavarro
Obscura: un navegador de código abierto para agentes de IA con 27.800 estrellas y un botón de «pide una demo»

Obscura es un motor de navegador sin interfaz gráfica, escrito en Rust, publicado en GitHub con licencia Apache 2.0. A fecha de hoy acumula 27.800 estrellas. Está pensado para que lo manejen programas: procesos de rastreo web y agentes de inteligencia artificial que necesitan consultar páginas.

Qué problema resuelve y para quién

El cliente es cualquiera que tenga programas abriendo páginas web a escala. Comparadores de precios, herramientas de seguimiento de posiciones en buscadores, empresas que vigilan su marca, y desde este año, cada vez más, quien despliega agentes de inteligencia artificial que consultan información en internet.

Todos comparten el mismo problema. Gran parte de la web no enseña su contenido hasta que se ejecuta el JavaScript de la página, así que hay que abrir un navegador de verdad. La herramienta habitual es Chrome funcionando sin pantalla, que pesa más de doscientos megabytes de memoria por sesión y tarda unos dos segundos en arrancar.

Cuando se abren decenas de miles de páginas al día, esa cifra deja de ser un detalle técnico y pasa a ser la partida principal del gasto en servidores.

Cómo funciona en concreto

El maquetado de las páginas lo hace un motor propio escrito en Rust. El JavaScript lo ejecuta V8, el mismo motor que usa Chrome, así que las páginas se comportan como se comportarían en un navegador normal.

La decisión que más facilita su adopción es otra: Obscura implementa el Chrome DevTools Protocol, que es el lenguaje con el que las herramientas de automatización más usadas —Playwright y Puppeteer— dan órdenes a Chrome. Quien ya tenga scripts escritos los apunta al nuevo motor cambiando una dirección.

Las cifras que publica el proyecto: treinta megabytes de memoria frente a más de doscientos, ochenta y cinco milisegundos de carga frente a unos quinientos, arranque inmediato frente a dos segundos. Son mediciones propias y no hay comprobación de terceros.

Incorpora además un servidor del Model Context Protocol, el estándar por el que los asistentes de inteligencia artificial acceden a herramientas. Eso permite que un agente lo use directamente.

Y ofrece una compilación que aleatoriza la huella del navegador en cada sesión y oculta los indicadores que permiten reconocer que hay un programa al mando. Es la característica de la que más se habla y la que plantea las preguntas legales del asunto.

Quién está detrás y desde cuándo

Aquí hay que ser preciso sobre lo que se sabe y lo que no. El repositorio está publicado bajo la cuenta h4ckf0r0day, y de esa cuenta han salido las versiones. La web del proyecto presenta una sección de cómo funciona, la documentación y el código abierto.

No hay una empresa identificada públicamente en el repositorio, ni un equipo con nombres, ni información sobre financiación. Es un proyecto que se ha dado a conocer por el código y no por sus fundadores, algo cada vez más frecuente en herramientas para desarrolladores.

La pista más significativa sobre el modelo está en la propia web: junto al enlace al código abierto hay un botón de «pide una demo». Eso apunta al patrón habitual del sector: el motor es libre y gratis, y hay una capa comercial —normalmente la versión alojada, que evita mantener servidores— que es de donde sale el dinero.

Es un modelo con recorrido probado. Varias de las empresas que venden hoy navegadores alojados para automatización empezaron exactamente así.

Qué existía antes que hiciera algo parecido

La automatización de navegadores no es nueva. Selenium lleva desde 2004. Puppeteer, de Google, desde 2017. Playwright, de Microsoft, desde 2020. Todos ellos, sin embargo, no son navegadores: son la herramienta que maneja uno, y el navegador que manejan es Chrome o Firefox.

Ahí está la diferencia. Obscura no compite con Playwright: compite con Chrome. Se coloca debajo de Playwright, no al lado.

En el negocio de vender el servicio alojado ya hay empresas establecidas —Browserless, Apify, Bright Data, Zyte— que llevan años cobrando por ejecutar navegadores en sus máquinas. La ventaja de esas empresas es precisamente que ejecutar navegadores sale caro y el cliente prefiere no lidiar con ello. Un motor diez veces más ligero erosiona esa ventaja por los dos lados: abarata al que quiera hacerlo en casa, y abarata también al competidor que decida montar el servicio encima.

En qué punto está hoy

En el fotograma de un vídeo de julio que difundía el proyecto se veía el contador de GitHub en 18.600 estrellas. Hoy van 27.800. Han sumado alrededor de nueve mil en dos meses, lo que sitúa al proyecto en la parte alta de lo que consigue una herramienta para desarrolladores en su primer año.

La licencia Apache 2.0 permite uso comercial sin restricciones, lo que facilita que otras empresas lo integren en sus productos. Para el proyecto eso es adopción, y también es el riesgo clásico de este modelo: que el motor se use mucho y pague poco.

Lo que queda por ver es si la capa comercial existe de verdad más allá del botón, y si el proyecto sostiene el mantenimiento de un motor de navegador, que es una de las piezas de software más caras de mantener que existen, precisamente porque la web cambia todos los meses y nunca avisa.