Gente Toxica

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Dalamar
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Gente Toxica

Mensajepor Dalamar » 14 Ene 2013 18:40

La revista Muy interesante dedica su portada de septiembre precisamente a la Gente tóxica. En su reportaje, Fernando Cohnen cita a Lillian Glass (experta en trastornos de la comunicación de la Universidad de Minnesota, que en 1995 publicó Relaciones tóxicas y en 2012 Hombres tóxicos: “Algunos tienen tan baja su autoestima y se sienten tan deprimidos que para subir su estado de ánimo son capaces de absorber la alegría de la gente que lo rodea”) y al argentino Bernardo Stamateas, autor entre otros del libro Gente Tóxica. Precisamente de este psicólogo, teólogo, terapeuta familiar y sexólogo clínico extrae una tipología de personas tóxicas:

1. Sociopsicópata.
2. Quejica victimista (“como los neuróticos, el llorón profesional no hace nada por salir de la miseria”)
3. Agresivo verbal
4. Mediocre
5. Arrogante presuntuoso
6. Jefe autoritario
7. Chismoso metomentodo
8. Descalificador
9. Envidioso
10. Neurótico

“Se ha constatado un aumento de la presión arterial estadística y clínicamente significativo en aquellos empleados que tenían que aguantar a un jefe que no les gustaba” (George Fieldman, psicólogo británico). Esta hipertensión provocada por un jefe puede elevar el riesgo de enfermedades cardiacas en un 16% y la posibilidad de sufrir un infarto en un 33%. Las actitudes negativas tienen un coste equivalente al 10% del Producto Interior Bruto (todos estos datos estaban en el magnífico libro de Tom Rath y Don Clifton, ¿Está lleno tu cubo?, 2005).

Particularmente peligrosos, dentro de la gente tóxica, son los jefes tóxicos, que reducen la esperanza de vida 10 años (el tabaco: 5 años). Creo que hay dos grandes tipos de jefes tóxicos, el “Darth Vader” (o jefe autoritario, como lo llama Bernardo Stamateas) y el “Mr. Bean” (o mediocre, siguiendo la tipología anterior).

Pensemos por ejemplo en un quejica victimista. En otro tiempo pudo ser un gran profesional, una persona con chispa, muy simpática, que se movía con alegría y hacía felices a los demás. Con el paso de los años, se ha convertido en un agorero, que dedica sus días a quejarse y a transmitir malas noticias a los otros, lo que perjudica el ánimo y la salud. No quiere cambiar, se encuentra bien así (seguramente, está sano como un roble). ¿Qué podemos hacer? “La queja es un lamento, una demanda, un reproche, un disgusto, un reclamo permanente que lo único que logra es alejarte de la mejor gente. ¿A quién le gusta estar cerca de personas que siempre están dispuestas a encontrarle los tres pies al gato?”, escribe Stamateas. Conductas más comunes: viven enojados, perciben todo negativamente, se andan con rodeos, pierden el tiempo en el pasado, no tienen sueños ni propósitos… Una mente productiva no tiene tiempo para quejarse.

Cuando el quejica es además un “meteculpas” (te culpabiliza de lo malo), tres apuntes de este experto: “Si te has equivocado, pide perdón” (y a otra cosa, mariposa, me permito añadir yo), “Mereces ser feliz” (Deshazte de las culpas falsas) y “No quieras cambiar a nadie: sólo cambia quien decide cambiar”. “La culpa no está en el sentimiento, sino en el consentimiento” (San Bernardo de Claraval). Me gusta decir que la culpa es un concepto jurídico (el dolo, la mala voluntad) y religioso (el pecado), pero no empresarial. Existe la respons-abilidad (la capacidad de respuesta), la acción, el ponerse manos a la obra... y ninguna otra cosa.
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Re: Gente Toxica

Mensajepor Dalamar » 15 Ene 2013 07:40

El que destila un odio visceral y se regodea con la humillación del otro, el que avasalla al semejante, el que busca manipular con mentiras, el que agrede innecesariamente y desvaloriza al otro para sentirse bien él, el que daña con intención sin jamás proponer una reparación, el que incomoda con sus imposturas, el envidioso de todo lo ajeno y el que urde los problemas para acercar luego sus soluciones.

La nómina de personas dañinas la completan el autodestructivo, el narcisista patológico, el perverso, el violento impenitente y el estafador. Se sabe que de seres nocivos está lleno el mundo, ya lo poetizó Antonio Machado con su "mala gente que camina y va apestando la tierra".

Las neurociencias dicen que sí, que la gente "tóxica" –encarnada por aquellos seres rapaces que inexorablemente perturban el bienestar ajeno y vampirizan al semejante– existe. Y endilgan a fallas químicas la irrigación de esa toxicidad. Sus conductas se traducen en patologías, y la coexistencia con ellos resulta imposible.

En el psicoanálisis y la psicología, la literatura está dividida. No obstante, ambas se inclinan por los vínculos y comportamientos "tóxicos" más que por las personas, ya que lo que es "tóxico" para unos puede ser perfectamente aceptado por otros.

El filósofo Tomás Abraham. "El habla de encuentros que potencian nuestras energías y nos dan alegría y los que las disminuyen y producen tristeza. Cuando dos cuerpos se convienen entre sí, multiplican su potencia. Y cuando no lo hacen se produce un mal encuentro, semejante a una especie de envenenamiento", explica.

¿Qué sucede con los pesimistas consuetudinarios? Según Abraham, pueden ser "más lúcidos, inteligentes y valientes que toda esa pavada de la buena onda". Para Kreimer, la negatividad en demasía termina siendo contagiosa.

Diana Cohen Agrest habla de "los vínculos destructivos de los que hay que huir". Pero advierte sobre la estigmatización y la capacidad de cambio de las personas. "Los seres humanos –dice– no somos de una vez y para siempre. Estamos en constante proceso de construcción. El nombre definitivo es el del epitafio, pues sólo allí adquirimos una identidad definitiva. Mientras vivimos, se puede dejar de ser «tóxico», como también se pueden adquirir otras características. Sólo una visión demasiado pesimista del ser humano lo condena a ser de una vez y para siempre."

Sin embargo, ubica como rasgo dominante de la toxicidad "a las personas monologadoras y autorreferenciales y a aquellos que nos aplastan". El corolario es el tedio, el desinterés y la urgencia de alejamiento, dice. Y arremete contra los simuladores y contra aquellos vínculos cimentados a partir de una necesidad tramposa: "La de no relacionarse realmente".


Las personas "tóxicas" influyen en la salud tanto física como psíquica del otro. Por eso es clave identificar los síntomas que una compañía nociva produce.

A esas personas se las controla quitándoles su poder, escapando de ellas o no permitiéndoles acceso a nuestra intimidad.

Si se debe convivir con ellas, en la familia o en el trabajo, hay que abstraerse mentalmente de su presencia y acciones.

Cuando surge un comentario o comportamiento "tóxico", simular que uno le presta atención cuando, en realidad, se esfuerza por desoírlo.

Al "tóxico" se lo neutraliza con amabilidad. Su afán por lastimar con comentarios o actos desagradables resulta estéril si él percibe que carece de efecto.

Focalizarse en las cosas positivas que uno tiene en la vida cuando se está cerca de una persona "tóxica". Es un ardid efectivo para superar los malos momentos.

Si no es posible evitarlos, adquiera un identificador de llamadas y reduzca al mínimo el contacto personal con ellos.

La actitud positiva es siempre una elección. Prepárese mentalmente para estar bien y contrarrestar así las actitudes "tóxicas".

Si una persona "tóxica" forma parte de su equipo de trabajo, establezca de antemano y claramente las reglas de convivencia. Si se trata de su jefe, hágale saber que usted y su equipo pierden eficiencia frente a comportamientos negativos. Y póngale ejemplos.

Si el "tóxico" no es alertado sobre su toxicidad, la extenderá en el ambiente. No deje pasar por alto esas actitudes y convérselo inmediatamente con él.

Ejercite su propia autocrítica y revise con asiduidad qué tipo de actitudes y comportamientos tiene usted para con los demás. Usted también puede ser "tóxico" para otros. La regla es simple: no les haga a los demás lo que no desea que le hagan a usted.
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