Sobre los conspiranoicos

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Dalamar
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Sobre los conspiranoicos

Mensajepor Dalamar » 23 Sep 2012 08:51

He encontrado estos enlaces, que explican muy bien los motivos psicologicos de las conspiraciones, teorias del fin del mundo y demas leyendas urbanas:

http://la-verdad-ocultada.blogspot.com/ ... iones.html
http://drzito.wordpress.com/2011/03/14/ ... nes-y-iii/
http://drzito.wordpress.com/2011/03/10/ ... ciones-ii/

Una teoría conspirativa consiste en la explicación de un evento o cadena de eventos ya sucedidos o todavía por suceder (comúnmente políticos, sociales, populares o históricos) a partir de la ocultación de sus verdaderas causas al conocimiento público o a un complot secreto, a menudo engañoso, por parte de un grupo de personas u organizaciones poderosas e influyentes que permanecen en la sombra. Muchas teorías conspirativas afirman que eventos importantes en la Historia han estado dominados por conspiradores que manipulan acontecimientos políticos detrás de escena.

La diferencia fundamental entre la esquizofrenia paranoide y la conspiranoia reside en que esta es una psicopatía estructurada que se empeña en buscar y encontrar evidencia oculta, razones secretas, explicaciones para lo que aparentemente no las tiene. Y el instrumento de esta lucidez febril se llama Cui Bono.

Y es que el perfil psicológico del conspiranoico coincide en muchos aspectos con el del esquizofrénico paranoide: Escucha voces, es solitario, sospecha de todos y de toda figura de autoridad. En la antigüedad atribuía sus males al demonio. Hoy a la CIA o a los extraterrestres o a unos genéricos Ellos. Son personas que gravitan siempre alrededor de causas u organizaciones que reflejan sus miedos e inseguridades y que defienden sus bizarras creencias y sistemas de valores. La diferencia fundamental entre la esquizofrenia paranoide y la conspiranoia reside en que esta es una psicopatía estructurada que se empeña en buscar y encontrar evidencia oculta, razones secretas, explicaciones para lo que aparentemente no las tiene. Y el instrumento de esta lucidez febril se llama Cui Bono.

El Cui Bono. A quién beneficia. Una Navaja de Occam sin afilar en la que reside el poder de atracción de las teorías conspirativas. Porque ante a una acumulación de hechos y sucesos que parece caótica y aleatoria, la conspiración propone una narrativa que coloca todos los elementos en un orden: El causante de los hechos es alguien, una organización, un grupo, un país que se beneficia de ellos. La conspiración dota así a la Historia de poder de Agencia (en el sentido filosófico del término, el de capacidad y autonomía para actuar). Una teoría conspirativa otorga al mundo un patrón, un significado y un propósito que pueden explicarlo. Por eso la teoría conspirativa se ha convertido en nuestra forma de entender la realidad, casi la única posible. Porque instala certidumbres donde ya no las hay.

Pero la hiperlucidez produce también hipercertidumbres.

Los gobiernos se incluyen en el recuento de víctimas de esa excesiva y súbita complejidad del mundo. Los errores que cometen suelen deberse más a la incompetencia que a intenciones arcanas. Así ocurrió durante las recientes y sucesivas crisis gripales (gripe aviar, gripe A). Los gobiernos occidentales compraron millones de dosis de antivirales que ahora se pudren sin usar en los almacenes. La Teoría de la Conspiración sitúa el Cui Bono en la industria farmacéutica, pero donde ella ve intención, incluso instrumento, probablemente solo había puro oportunismo. Los estados necesitaban ser vistos haciendo algo para remediar la epidemia, lo que fuera. Debían evitar ser acusados de no haber tomado las medidas necesarias si el desastre se desencadenaba. Y de paso volver a conjurar el terror como forma de obtener ventaja política. Pero no tenían, como los ciudadanos, ni idea de la seriedad de la amenaza. Por ello se abrazaron al Principio de precaución. Eso no quita, por supuesto, para que en casos como el del Síndrome Tóxico, corporaciones y gobiernos entren en colusión para firmar un pacto de silencio sobre las verdaderas causas de una determinada crisis de salud.

- La bala mágica.

Una faceta más gozosa de la Teoría de la Conspiración es la de que en su examen implacable de los acontecimientos haya creado la mitología de la Historia Secreta, ese verdadero suceder de los hechos históricos, en especial del siglo XX, que ha sido silenciado o manipulado por los poderes ocultos que actúan entre bambalinas. Esa Historia Secreta es la que puede encontrarse si miramos más allá de la realidad que ha sido fabricada y se nos ha presentado como auténtica. Por eso se ha convertido en un estupendo campo para la ficción, para el juego con el pulp más rabioso, en el que todo es permisible y los límites entre realidad son completamente maleables. Así es el caso de Libra de Don DeLillo o la Trilogía de América de James Ellroy, de la serie Fringe o cómics como Planetary de Warren Ellis. Esa decodificación, esa forma conspirativa de mirar la Historia ha llegado al pasado y de ahí el auge de la literatura de misterios y conspiraciones históricas con best-sellers multimillonarios como El Código Da Vinci de Dan Brown o La cena secreta de Javier Sierra, con su panoplia de códices escondidos, templarios y cátaros.

- La Tierra está fatal.

Otro ejemplo paradigmático de este contagio entre realidad y ficción es el de uno de los casos conspirativos más extraños del pasado siglo, el de Alternativa 3, un episodio de la serie británica Science Report emitido en 1977 y que descubría un supuesto plan secreto llevado a cabo por los gobiernos de las superpotencias para evacuar a las élites de la humanidad a Marte ante el cierto e imparable colapso de nuestro planeta. El complot incluía vuelos y reuniones secretas, explosiones nucleares en el planeta rojo y la desaparición y muerte de los científicos involucrados en el proyecto. En realidad Alternativa 3 era un hoax, un engaño, como lo era Die Delegation (Rainer Erler, 1970) un (muy recomendable) mockumentary alemán de similar espíritu. Alternativa 3 era un homenaje a la mítica emisión de La Guerra de los Mundosde Orson Welles pensado para ser emitido en April Fools’ (el día de los Inocentes anglosajón) pero que no lo fue hasta dos meses más tarde por culpa de una huelga en la ITV. Muchos a día de hoy, por repetición de errores, falta de rigor y ceguera voluntaria, aún hablan de Alternativa 3 como una pieza de periodismo real y se niegan a aceptar la verdad de los hechos.

Esa es la consecuencia final de la Teoría de la Conspiración. La aniquilación irremediable de la diferencia entre la verdad y la mentira.

No importa que JFK y el senador Connally no se sentaran alineados en aquella limusina descubierta. No importa que Oswald fuera un tirador de primera, ni que matara al agente de policía J.D. Tippit cuando este trató de detenerle, ni que hubiera intentado unos meses antes asesinar al ultra derechista Coronel Ted Walker con el mismo fusil con el que acabó con JFK. Como tampoco importa que haya videos de los terroristas que cometieron los atentados del 11-S o del 7/7 pasando el control de seguridad del aeropuerto o entrando en el metro de Londres. O que sea normal que en las fotografías del aterrizaje del Apolo 11 no se vean las estrellas de fondo (prueben a fotografiar un cielo estrellado sin una exposición larga). O que los análisis demostraran que la tasa de alcohol del último chófer de Lady Di fuera tres veces el límite legal. Porque en última instancia toda evidencia puede ser falsificada, plantada, fabricada. Por aquellos a quienes más les interesa ocultar la verdad. La Teoría de la Conspiración no es una teoría que pueda ser falsada. Ni siquiera desautorizada por falta de pruebas. Porque como decía Donald Rumsfeld, “la ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia.”

Por eso resulta casi imposible convencer a quien cree en una conspiración que su sospecha es infundada. El mismo Oliver Stone admitía que su JFK resumía las investigaciones y teorías conspirativas manejadas durante tres décadas y que lo que en ella contaba poco tenía que ver con el caso propuesto por el Jim Garrison real, bastante olvidado y oscuro y mucho menos épico que el que aparece en el film. Aquel bello Kevin Costner encarnaba en realidad al mismo Stone y a todos los buenos y honestos liberales americanos que como él vieron sus sueños rotos por un hombre tan poco carismático y mediocre como Oswald. Stone no dudó en ignorar que la mayor parte de los datos que aportaba en su film eran falsos. Tampoco dudó en manipularlos. El resultado fue que lo que muchos saben del asesinato de JFK está y estará irreversiblemente condicionado por aquella película, que ha influido en un número de personas inmensamente mayor de lo que lo hará nunca el trabajo de ningún historiador.

En último término, qué hay de verdad y qué hay de mentira en la Teoría de la Conspiración ya casi es igual. Dilucidar sus orígenes es una batalla perdida. Convencer. Demostrar. La conspiración es charca de arenas movedizas. Quien defiende las teorías conspirativas puede actuar sin saberlo como peón de aquellos que quieren tapar sus complots o sus ineptitudes con conspiraciones aún más rocambolescas y temibles. Del igual modo yo mismo, que he dedicado todas estas líneas a desmontar teorías y a explicar algunos de los motivos detrás de nuestra conspiranoia, podría ser un agente conspirativo infiltrado.

Porque la conspiración es la Gran Conspiración.

Aquel no había sido mi primer contacto con la teoría conspirativa. Ya antes había leído con terror sobre el Majestic 12 y el acuerdo entre una raza alienígena y los gobiernos de las superpotencias para intercambiar tecnología a cambio de ganado y cobayas humanas. Más tarde escucharía decir que en realidad el hombre no llegó a la Luna. Que el SIDA se debía a un virus creado artificialmente. Luego vendría la muerte de Diana de Gales. Los atentados del 11-S. Las teorías sobre los Illuminati, el Club Bilderberg, los magnicidas programados, los experimentos de control mental de la CIA y el Proyecto HAARP.

Después aparecería Expediente X y terminaría de liarla: La Teoría de la Conspiración se convirtió irremisiblemente en parte de nosotros. La conspiración como cosmovisión, como forma de vida.

Pero las conspiraciones clásicas más habituales casi siempre usaban al judío como chivo expiatorio. Historias sobre un contubernio mundial de hombres avariciosos de nariz aguileña que se frotan las manos mientras exprimen al país y lo llevan a la ruina. Así en la Rusia zarista de 1903 se publicó uno de los más célebres libros falsos de la historia, El Protocolo de los Sabios de Sión, que articulaba estas teorías en formato pseudohistórico, lo que lo convirtió en precedente de la ficción conspirativa moderna. La realidad sin embargo era (como acostumbra) mucho más prosaica. Debido a la prohibición cristiana, derivada de la ética escolástica, de practicar la usura, los judíos habían adoptado tradicionalmente el papel de banqueros y financieros. Eso les otorgaba un innegable poder que resultaba demasiado incómodo en ocasiones (es decir, cuando no podían pagar) a sus clientes más poderosos y manirrotos, que a su vez echaban mano de rumores, conspiraciones, masas enfurecidas o simplemente la deportación para saldar deudas con sus hebreos prestamistas.

Pero estos son solo los humildes precedentes de lo que estaba por venir. Un mundo donde la conspiración iba a convertirse en la forma de entender la Historia y hasta la vida cotidiana. La culpa de ello la tuvo la Guerra Fría.

El año 1947 resultó crucial. Fue entonces cuando Kenneth Arnold avistó nueve extraños objetos con forma de media luna que volaban en formación y que se movían “como platillos saltando sobre el agua”. Fue en 1947 cuando tuvo lugar el incidente de Roswell, el supuesto accidente de una nave alienígena en el desierto de Nuevo México. Fue en 1947 cuando los laboratorios Sandoz comercializaron por primera vez el LSD, creado por el Doctor Albert Hoffman. Y fue en 1947 cuando la Oficina de Estudios Estratégicos dejó de funcionar y traspasó todas sus funciones a la Agencia Central de Inteligencia, la CIA. OVNIs, drogas y servicios secretos. La Santísima Trinidad de las conspiraciones del siglo XX.

La Guerra Fría implicaba una nueva forma de ver el mundo y las relaciones internacionales, en la que el cálculo y la estrategia eran vitales y el secretismo era importantísimo. Se crearon aparatos burocráticos, como la corporación RAND o la NSA, cuya misión era la recopilación de información y la obtención de una ventaja sobre el enemigo, por mínima que fuera y en cualquier campo. Así lo avisaba Max Weber, el gran sociólogo de la burocracia:

“Siempre que las estructuras de dominación tengan en juego sus intereses de poder con respecto al exterior, ya sea un competidor económico o un gobierno extranjero potencialmente hostil, encontraremos secretismo.”

Y el secretismo es el abono de la conspiración.

Aunque pueda parecer lo contrario, cuando el mundo parece romperse en pedazos, la Teoría de la Conspiración lo hace un lugar más agradable. Resulta mucho más tranquilizador pensar que la Mafia o los cubanos asesinaron a tu presidente favorito que aceptar que el culpable fue un hombre severamente deprimido y con ansias de notoriedad armado con un fusil comprado por correo. Resulta más confortador convencerse de que un club de poderosos o que una secta iluminada rige los destinos de la humanidad que asumir que vivimos en medio de un caos informe y sin control. Si eres árabe, resulta mucho menos terrible creer que fueron los israelíes quienes volaron las Torres Gemelas que aceptar que otros árabes cometieron tal atrocidad, o si eres estadounidense pensar que el 11-S fue un ataque desde dentro que aceptar que tu gobierno fue un incompetente, que desoyó advertencias y recortó servicios esenciales de defensa, permitiendo así que diecinueve enajenados, sin demasiado entrenamiento ni capacidades, golpeara el corazón de tu país.

Es confortador creer que nuestro destino está en nuestras manos. Con esa misma lógica aplicamos la Teoría de la Conspiración a nuestras vidas privadas.
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Re: Sobre los conspiranoicos

Mensajepor Dalamar » 25 Sep 2012 06:58

Visto en: http://www.wired.com/wiredscience/2010/ ... -theories/

In the summer of 1954, Festinger was reading the morning newspaper when he encountered a short article about Marion Keech, a housewife in suburban Minneapolis who was convinced that the apocalypse was coming. (Keech was a pseudonym.) She had started getting messages from aliens a few years before, but now the messages were getting eerily specific. According to Sananda, an extra-terrestrial from the planet Clarion who was in regular contact with Keech, human civilization would be destroyed by a massive flood at midnight on December 20, 1954.

Keech’s sci-fi prophecy soon gained a small band of followers. They trusted her divinations, and marked the date of Armageddon on their calendars. Many of them quit their jobs and sold their homes. The cultists didn’t bother buying Christmas presents or making arrangements for New Years Eve, since nothing would exist by then.

Festinger immediately realized that Keech would make a great research subject. He decided to infiltrate the group by pretending to be a true believer. What Festinger wanted to study was the reaction of the cultists on the morning of December 21, when the world wasn’t destroyed and no spaceship appeared. Would Keech recant? What would happen when her prophesy failed?

On the night of December 20, Keech’s followers gathered in her home and waited for instructions from the aliens. Midnight approached. When the clock read 12:01 and there were still no aliens, the cultists began to worry. A few began to cry. The aliens had let them down. But then Keech received a new telegram from outer space, which she quickly transcribed on her notepad. “This little group sitting all night long had spread so much light,” the aliens told her, “that god saved the world from destruction. Not since the beginning of time upon this Earth has there been such a force of Good and light as now floods this room.” In other words, it was their stubborn faith that had prevented the apocalypse. Although Keech’s predictions had been falsified, the group was now more convinced than ever that the aliens were real. They began proselytizing to others, sending out press releases and recruiting new believers. This is how they reacted to the dissonance of being wrong: by becoming even more certain that they were right.

There is, of course, something deeply troubling about cognitive dissonance, since it suggests that we double-down on our beliefs in light of conflicting evidence. While neuroscientists have begun to decipher the anatomy of this mental flaw.
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Re: Sobre los conspiranoicos

Mensajepor Dalamar » 25 Sep 2012 07:04

Visto en: http://www.psychologytoday.com/blog/the ... y-theories

We humans have an assortment of cognitive biases that can distort our judgments and allow us to maintain beliefs despite overwhelming evidence to the contrary. Some of these biases include the tendency to see patterns where none exist, and to interpret new information and recall old information in ways that confirm our expectations and beliefs. However, most of the time we're unaware of these biases and overly confident that our perceptions represent the objective truth.

An excellent book called Empire of Conspiracy by Tim Melley explores this issue.

Melley seeks to explain why conspiracy theories and paranoia have become so pervasive in American culture in recent decades. He discusses some of the paranoia behind our obsessions with political assassinations, gender and race relations, stalkers, mind control, bureaucracies, and the power of corporations and governments.

Melley proposes that conspiracy thinking arises from a combination of two factors, when someone: 1) holds strong individualist values and 2) lacks a sense of control. The first attribute refers to people who care deeply about an individual's right to make their own choices and direct their own lives without interference or obligations to a larger system (like the government). But combine this with a sense of powerlessness in one's own life, and you get what Melley calls agency panic, "intense anxiety about an apparent loss of autonomy" to outside forces or regulators.

When fervent individualists feel that they cannot exercise their independence, they experience a crisis and assume that larger forces are to blame for usurping this freedom. "For one who refuses to relinquish the assumptions of liberal individualism, such newly revealed forms of regulation frequently seem so unacceptable or unbelievable that they can only be met with anxiety, melodrama, or panic."

Some research by psychologist Jean Twenge is consistent with his hypotheses. Twenge's research examines how Americans' personality traits have been changing over the past several decades. She reviews the results of hundreds of studies published from the 1960s through the end of the century, looking at the personality scores for each year. For example, she finds that trait anxiety (or neuroticism) has been rising dramatically in both children and adults over this period.

In another study, she shows that people have come to hold an increasingly stronger external "locus of control"; this refers to the feeling that external forces are determining what happens to you, as opposed to an internal locus of control, the feeling that you dictate your own outcomes. Twenge suggests that the stronger external locus of control reflects our ever-increasing exposure to uncontrollable events and a rise in the "victim mentality" of our culture.

Conspiracy theories help us cope with distressing events and make sense out of them. Conspiracies assure us that bad things don't just happen randomly. Conspiracies tell us that someone out there is accountable, however unwittingly or secretly or incomprehensibly, so it's possible to stop these people and punish them and in due course let everyone else re-establish control over their own lives. Conspiracies also remind us that we shouldn't blame ourselves for our predicaments; it's not our fault, it's them! In these ways, believing in conspiracies serves many of the same self-protective functions as scapegoating.
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Re: Sobre los conspiranoicos

Mensajepor Dalamar » 09 Oct 2012 06:27

De J. Mauldin:

"Let me start by acknowledging that one of the most dangerous things one can do in the writing business is try to separate a man from his pet conspiracy theories."
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Re: Sobre los conspiranoicos

Mensajepor Dalamar » 05 Feb 2013 19:46

Un buen remedio anti-conspiranoico:

http://www.skeptic.com
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Re: Sobre los conspiranoicos

Mensajepor Dalamar » 02 Mar 2013 10:40

Interesante comentario de Mauldin:

...as opposed to amateurs who worry about everything simultaneously, or even worse, the tin-hat crowd that feels compelled to conjure problems and conspiracies that don’t exist in order to assign blame to some imagined cabal of bad guys.

(OK, let me generate a lot of negative comments with an example. I find the belief that there is a “Plunge Protection Team” simply bizarre. You know, the guys who are supposed to control the stock market? The “Working Group on Financial Markets”? If there is one somewhere, deep in the bowels of government, they are the most incompetent conspirators ever assembled. And no one has come forth and spilled the beans in a memoir after 25 years? Puh-leeze!)
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Re: Sobre los conspiranoicos

Mensajepor Dalamar » 22 Jun 2013 09:33

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Re: Sobre los conspiranoicos

Mensajepor Dalamar » 22 Mar 2014 15:36

Rothschild ese nombre asociado a tantas conspiraciones, sale otra vez a la palestra:

http://actualidad.rt.com/actualidad/vie ... on-malasio

La desaparición de cuatro socios de una patente de semiconductores que viajaban en el MH370 de Malaysia Airlines convierte al famoso multimillonario Jacob Rothschild en el único propietario de la importante patente.
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Re: Sobre los conspiranoicos

Mensajepor Dalamar » 14 Jun 2014 13:09

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Re: Sobre los conspiranoicos

Mensajepor Dalamar » 28 Ene 2017 12:02

Fuente: http://www.dailymail.co.uk/sciencetech/ ... Earth.html

Last year Nasa detected an object, that could be a comet or an asteroid, on a path towards Earth.

The space agency has said the mysterious object will safely pass Earth at a distance of nearly 32 million miles (51 million kilometres) on February 25th.

But one self-proclaimed astronomer has come up with an alternative theory, suggesting the asteroid will crash into Earth on February 16th and trigger a mega-tsunami, according to reports.
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